Un libro que nació del corazón… y de un temblor que no supe nombrar.
Latidos Fuera de Ritmo sigue a Aurora, una estudiante de medicina que pisa por primera vez los pasillos del Hospital Universitario Asclepio con una mezcla de ilusión, miedo y ganas de demostrar que pertenece allí. Lo que no esperaba era que tanto las vidas que intentaría salvar como las personas que se cruzarían en su camino acabarían cambiando la suya. Una historia de amor, responsabilidad, errores, segundas oportunidades y ese tipo de pulsos que no se ven en un monitor, pero te revolucionan por dentro. Sin spoilers, lo prometo: solo te digo que aquí se enamoran los cuerpos, pero también las heridas.
Por qué escribí este libro
Hubo un momento de mi vida en el que todo dio un giro inesperado: a mi hermano le dieron un diagnóstico que yo no supe procesar. Era demasiado grande, demasiado rápido, demasiado todo. Y como siempre he hecho… me refugié en las palabras.
Mientras intentaba entender lo que sentía, empecé a imaginar quirófanos, batas, conversaciones en pasillos silenciosos. Creé personajes que también estaban aprendiendo a sostener el mundo sin que se les cayera encima. La medicina se convirtió en un puente para hablar del miedo, del amor y de lo que nos rompe sin avisar. Y así nació este libro: como mi manera de ordenar el caos. Como una pequeña Anatomía de Grey en papel, pero con mi corazón metido entre líneas.
Soy Montse de Nyra, escritora neurodivergente y enamorada de las historias que duelen un poco antes de sanar. “Latidos Fuera de Ritmo” es mi nueva publicación y, probablemente, la más personal que he escrito nunca.
Mañana, 3 de diciembre, el corazón empieza a latir fuerte
Si te gustan las historias con emociones a flor de piel, relaciones complicadas y hospitales que esconden más secretos que estanterías de medicación… este libro te está esperando.
Gracias por estar aquí. De verdad. Y gracias por dejarme compartir contigo algo que nació de un susto, creció con miedo y terminó convirtiéndose en luz.
He leído La sombra del viento en dos ocasiones, y en ambas he tenido la extraña —y deliciosa— sensación de estar adentrándome por primera vez en sus páginas. Es como caminar por una Barcelona que, aun siendo conocida, se revela distinta en cada esquina, como si las sombras cambiaran de lugar y me invitaran a descubrir un secreto nuevo. Esa capacidad de sorprender, incluso cuando ya sabes lo que va a ocurrir, es lo que hace de este libro una experiencia casi mágica: siempre guarda un rincón oscuro en el que aún no habías mirado.
Y aviso desde ya, sin metáforas ni rodeos: lo que viene a continuación no es una reseña ligera. Es un despiece a conciencia, con todos los spoilers que puedas imaginar. Si aún no has leído esta novela y quieres mantener intacta la experiencia, quizá deberías cerrar aquí la pestaña. Si decides seguir, será bajo tu propio riesgo: vamos a destripar juntos la historia, con todo lo que implica.
Sobre el autor
Soy seguidora y amante de las novelas de Carlos Ruiz Zafón. Todas las que han pasado por mis manos me han atrapado sin excepción, y me cuesta imaginar que algún día pueda existir un libro suyo que no me guste. Cada una de sus historias tiene esa chispa inconfundible que te hace sentir que estás ante algo más que una simple novela: es un universo entero desplegándose ante ti.
Como ya conté en el apartado de Libros que me marcaron, el primero que cayó en mis manos fue El príncipe de la niebla. Aquel encuentro fue un punto de no retorno. Abrir esas páginas fue como cruzar la puerta de un lugar secreto y adentrarme en una especie de secta literaria, una hermandad invisible de lectores que, una vez dentro, ya no desean salir jamás. Porque Zafón no solo contaba historias: construía atmósferas, creaba vínculos invisibles entre sus personajes y el lector, y nos hacía sentir parte de algo inmenso.
Recibir la noticia de su muerte fue devastador. Sentí que una parte de mi alma se apagaba con él. No solo lloré la pérdida de un autor, sino la certeza de que nunca volveríamos a tener nuevas historias suyas, nuevas sombras, nuevas voces que nos envolvieran en susurros literarios. Fue un dolor extraño, profundo, casi íntimo, como si hubiera perdido a alguien cercano. A día de hoy, todavía me sobrecoge pensar en todo lo que se ha quedado sin escribir, en las historias que jamás conoceremos. Y, sin embargo, también me consuela saber que lo que sí nos dejó sigue vivo y ardiendo en cada relectura.
Desde el inicio, Daniel me resultó un personaje entrañable, casi como un niño al que quisiera abrazar para proteger de todo lo que le espera. Creo que esa ternura nace de su fragilidad: crecer solo con un padre, sin la figura materna que complete el hogar, le da una profundidad especial. No es solo que “le falte alguien”, es que esa ausencia se siente en sus gestos, en la manera en la que busca en los libros un refugio, una madre hecha de palabras y páginas.
El momento en que elige a Carax me parece de los más mágicos. No es él quien lo escoge, sino que el libro parece tenderle la mano desde las sombras del Cementerio de los Libros Olvidados. Esa idea me persigue desde entonces: ¿y si los libros realmente nos eligen a nosotros? Desde que leí esa escena, cada vez que cojo un ejemplar —nuevo o gastado, con olor a tinta fresca o a polvo de biblioteca— me pregunto si ese libro llevaba tiempo llamándome, esperando que yo lo descubriera. Hay algo místico, casi espiritual, en esa forma de entender la lectura.
Su desenamoramiento de Clara es, quizá, una de las escenas más dolorosas de la novela. No solo porque Daniel descubre que la mujer que idealizaba está desnuda bajo otro hombre, sino porque en ese instante se le rompe la inocencia. Todos pasamos alguna vez por esa primera decepción, por ese golpe que nos dice que el amor no siempre es correspondido, que no siempre es limpio ni justo. Pero verlo a través de Daniel es aún más duro: es como observar a alguien perder una parte de su infancia. La paliza que recibe después es casi un símbolo, un eco físico de esa herida emocional. Y leerlo me dolió como si me lo dieran a mí.
Pero lo hermoso de esta historia es cómo la vida se empeña en poner luces en mitad de las sombras. Ese golpe lo acerca de nuevo a su padre, de quien parecía estar alejándose, y lo hace a través de un regalo tan simbólico que me emocionó. Y lo más importante: es ahí cuando aparece Fermín Romero de Torres. Qué personaje tan fascinante. Vagabundo, pícaro, ingenioso, herido por su propio pasado pero aún capaz de bromear y de enamorarse. Fermín me dio la sensación de ser ese amigo que uno no espera encontrar, pero que de pronto se vuelve indispensable. Su ternura con Bernarda, su manera de encajar en la vida de Daniel y de su padre, me arrancó sonrisas en medio de una novela que tantas veces me apretaba el corazón.
Y entonces, la sombra. Ese hombre misterioso que parece un espectro surgido de la noche. Su primera aparición me heló: la idea de alguien siguiéndote en la oscuridad, acechando desde la distancia. Pero lo más perturbador es que, cuando finalmente se revela tangible, su propósito no es menos aterrador: quiere quemar cada libro de Carax. Esa obsesión me inquietó profundamente, porque era como ver a alguien empeñado en borrar la memoria, en arrancar la voz de alguien del mundo. Y ahí entendí otra cosa: que los libros son más que historias. Son huellas, son resistencia. Y querer destruirlos es querer destruir la vida misma.
Hay un personaje que todavía hoy me quita el sueño: Fumero. Sé que existieron personas así, y precisamente por eso me resulta tan perturbador. No es un villano de fantasía, es la encarnación de una crueldad real, de esa violencia despiadada que anida en la historia y en la condición humana. Leerlo me provocó rechazo visceral. Es de los personajes más viles, más asquerosos y terriblemente humanos con los que me he cruzado en la literatura. Llegué a tener pesadillas con él, y quizá ahí radique la fuerza de Zafón: en recordarnos que el auténtico terror no necesita fantasmas.
En el otro extremo de la balanza está la historia de amor entre Daniel y Bea. La primera vez que leí el libro me pareció algo forzada, como si surgiera de la nada. Y lo sigo pensando en cierto modo. Pero con el tiempo comprendí lo que Daniel llega a decir: este es un mundo lleno de personas solas. Y cuando dos soledades se encuentran, no es raro que decidan unirse, casi de manera instintiva, como si se reconocieran en ese vacío. Esa reflexión me hizo mirarlos con otros ojos. La primera vez que leí la novela, temía que su relación se convirtiera en un espejo de la tragedia de Julián Carax. La segunda vez, aun sabiendo el desenlace, ese miedo fue mayor, porque comprendía mejor las sombras que los rodeaban.
También me produce rabia la forma en que se diluye la amistad con Tomás Aguilar. Daniel lo menciona varias veces como su mejor amigo de la infancia, pero en realidad apenas comparten momentos durante la novela. Es como si su vínculo se hubiera quedado congelado en el pasado, y duele reconocerlo. Al final, tanto con Tomás como con Bea, hay un mismo hilo común: Daniel se mueve en un mundo donde los lazos son frágiles, donde la soledad pesa, y donde cada relación está marcada por lo efímero y lo incierto.
Cuando entramos de lleno en la vida de Julián Carax, la novela se tiñe por completo de tragedia. Su historia es un cúmulo de infortunios, de amores imposibles y de soledad, tanto que a veces parece que el destino se empeñara en ensañarse con él. Su vida me dejó con esa sensación amarga de injusticia, como si llevara marcada en la frente la mala suerte más cruel, la que no se le desearía a nadie.
El triángulo —o más bien la cadena— de amores no correspondidos es casi un laberinto de dolor: Miquel enamorado de Nuria, Nuria enamorada de Julián, y Julián enamorado de Penélope… Penélope, que no solo no podía corresponderle, sino que resultaba ser su propia hermana, un descubrimiento brutal que destroza cualquier atisbo de felicidad posible. Y como si todo eso no fuera suficiente, su historia culmina en el horror: Penélope asesinada por su propio padre, embarazada, perdiendo así su vida y la del hijo que esperaba. Esa escena me dejó una cicatriz en el pecho; es la clase de tragedia que no se olvida.
El giro de Laín Coubert revelándose como el propio Julián Carax me pareció un auténtico mazazo. La primera vez me sorprendió por completo; la segunda vez, aun sabiéndolo, volvió a estremecerme. Zafón logra ese efecto inquietante: incluso cuando crees que ya no puede pillarte desprevenido, lo consigue otra vez, como si las palabras tuvieran vida propia. Yo, en cambio, siempre sospeché de Jorge, el hermano de Penélope. Su sombra planeaba sobre la historia desde el principio, y quizá por eso la revelación de Carax como Laín Coubert me resultó aún más demoledora. Fue como entender, de golpe, que la verdadera oscuridad siempre había estado dentro del propio Julián.
Cerrar esta reseña me resulta tan difícil como cerrar el propio libro. Siempre queda un eco, una pregunta, una sombra que me acompaña. Yo ya he contado lo que me removió esta historia… ahora te toca a ti. ¿Te atreves a entrar en el Cementerio de los Libros Olvidados?
Soy Montse de Nyra y quiero daros la bienvenida a Latidos fuera de ritmo. Esta historia nació del deseo de contar un romance real, imperfecto, lleno de emociones intensas, decisiones difíciles… y muchas, muchas pulsaciones aceleradas. 💓😳
Aquí vais a encontrar una protagonista que lucha por hacerse un hueco en el mundo de la medicina mientras lidia con amistades complicadas, mensajes anónimos, y un corazón dividido entre el amor de toda una vida… y lo que podría ser un nuevo comienzo. 💔💘
Latidos fuera de ritmo es una historia de crecimiento, de heridas que aún sangran y de momentos que nos obligan a elegir entre lo que queremos y lo que merecemos. Y sí… también hay besos robados, miradas que queman, y escenas que os harán gritar a la pantalla. 😵💫🔥
Espero que os dejéis llevar por el caos (y el amor) de Aurora tanto como yo al escribir cada capítulo. Me encantará leeros en los comentarios, ver vuestras teorías, fangirlear juntas y compartir cada latido. 💬🩷
Gracias por darle una oportunidad a esta historia. No sabéis lo que significa vuestro apoyo.
Y recordad: a veces, hasta los latidos fuera de ritmo encuentran su compás. 🎵✨
Este libro me lo recomendó una de mis profesoras de inglés preferidas del instituto. Una de esas personas que dejan huella. En esa época leía muchísimo: entre operaciones, momentos duros, y muchas horas sola, los libros eran refugio.
Me lo compré en español, pero perdí la copia. Lloré como si hubiera perdido algo más que papel. Y entonces, esa misma profesora me regaló su copia original, en inglés, del año 1996. No sé cuántas veces lo he releído desde entonces, en distintos idiomas, pero cada vez que lo hago, solo pienso: qué historia tan bonita y tan real.
🧠 Una historia sencilla, pero profunda
A diferencia de otros libros que me marcaron como Alicia o Percy Jackson, aquí no hay criaturas fantásticas ni realidades alteradas. Hay amor. Pero no de ese que arde en dos páginas. Es lento. Dulce. Real. Parece imposible al principio, pero acaba llegando de forma natural, sin forzar. Y eso me encantó. Porque yo también soñaba con un amor así.
👒 Querer ser Elizabeth
Siempre pensé que me veía reflejada en Elizabeth Bennet. Con los años, me di cuenta de que en realidad quería ser como ella.
La hija perfecta, la hermana perfecta, naturalmente dulce y reservada, con amor por los libros y los paseos. Pero yo era justo lo contrario: torpe, en el centro de atención por lo que no tocaba, nada delicada… aunque sí compartíamos el amor por los libros.
La admiraba con todo mi corazón. Y sí, soñaba con tener una historia de amor como la suya.
En esa época, también estaba empezando a descubrir mi sexualidad. Poco después entendí que era pansexual: me enamoro de almas, no de géneros. Por eso tantos crushes ficticios. Por eso tantas relecturas buscando matices que antes no había visto. Porque cada vez que leo este libro, descubro algo nuevo de él… y de mí.
😤 No, no me enamoré de Mr. Darcy
A diferencia de muchas lectoras, Mr. Darcy me cayó fatal. La primera vez que lo leí, tiré el libro al suelo de la frustración. No entendía qué veía Elizabeth en él. No creía que lo mereciera. Pero con las relecturas empecé a entenderlo, poco a poco, igual que ella.
Lydia, una de las hermanas de Elizabeth, me sigue dando bastante asco. Pero bueno, en todas las historias grandes hay personajes que necesitas detestar. El que me sorprendió fue el padre de Elizabeth. Me encanta. Me recuerda muchísimo al mío.
🖋️ Austen: directa, pero con rodeos
Jane Austen escribe sin adornos innecesarios, pero con muchos rodeos. A veces no entiendes del todo lo que ha pasado hasta que ya ha pasado. Y creo que ahí está su magia.
Sus libros son sorprendentemente actuales: los temas, los dilemas, las emociones. Da igual en qué época leas sus palabras: siguen resonando. Y eso también está guay.
❤️ Un libro que me salvó en más de un sentido
Este libro no está aquí solo por su historia. Está aquí porque fue un refugio durante una época de bullying. Porque esa copia que atesoro me la dio una persona que creyó en mí cuando yo no podía. Porque mi corazón, que no es de piedra, siempre tendrá un rincón para los romances lentos, sinceros y valientes.
Y porque Jane Austen me parece una mujer poderosa. Con influencia. Con algo que decir, incluso hoy.
🏁 Y como dijo él…
Me has hechizado en cuerpo y alma, te amo. – Mr. Darcy
Conocí a Alicia a través de la película de animación, esa que le regalaron a mi madre con alguna promoción. A ella le horrorizaba. A mí me atrapó desde el primer minuto. Había algo ahí —algo que no sabía explicar— que me hacía sentir en casa.
Pasaron años hasta que los libros cayeron en mis manos. Un día cualquiera, con tiempo libre en la biblioteca del instituto, vi el título. Pensé: “¿Por qué no? Si la peli me gustó…”. Me lo llevé. Y lo devoré. Años más tarde me regalaron una edición con los poemas incluidos. Me lo releí entero. Y desde entonces, lo conservo como un pequeño tesoro.
🧠 Alicia y yo: parecidas, aunque diferentes
Lo que más me fascina de Alicia es su curiosidad insaciable, casi tan grande como la mía. También me veía reflejada en su valentía (aunque confieso que la he ido perdiendo con los años), y sobre todo, en su manera de fluir. Ella se adapta al caos. Yo, como persona autista, no tanto.
Me impacta ver cómo Alicia atraviesa un mundo donde todo cambia sin avisar, donde nada tiene sentido. Yo me bloquearía. Ella no. Ella se deja llevar. Y la admiro profundamente por eso.
Todo en el País de las Maravillas y en el mundo del Espejo me atrapa: las normas que se rompen, los diálogos absurdos, los juegos de lógica. Es un caos con sentido, un orden propio. Y en ese caos, encuentro algo que me resuena.
🎩 Personajes que hablan como mis voces internas
Mis favoritos: el Sombrerero y el Gato de Cheshire. Ambos parecen locos, pero dicen verdades envueltas en acertijos. Yo los escucho como si fueran mis propias vocecillas internas.
También le tengo cariño a la Oruga, aunque su humo no me entusiasma. Y si pudiera meterme en la historia, sin duda me sentaría a tomar el té con el Sombrerero, o a tener conversaciones absurdas con el gato. Aunque lo de saber la hora sería otra historia…
Alicia no es plana. Es un reflejo: Caótica. Divertida. Torpe. Brillante. Curiosa. Así es Alicia. Así soy yo. Tiene una evolución. No es la misma al principio que al final. Y eso me encanta. Porque pocas veces se representa tan bien el cambio interior de una niña que explora sin miedo (o con él, pero lo atraviesa igual).
😠 Personajes que no soporto, y por eso los admiro
La Reina de Corazones me parece una exageración de personas reales que no soporto. Gritona, autoritaria, absurda. Y Humpty Dumpty… le cogí manía de pequeña, y así se ha quedado. Pero justo por eso sé que el libro es brillante: provoca. Te hace sentir.
📚 Sobre Carroll, la narración y lo que me enseñó
Sé que hay rumores e historias sobre Lewis Carroll. No sé qué es verdad o no, pero he aprendido a separar arte y artista.
Su estilo me flipa: cómo cambia de escena sin avisar, cómo juega con el lenguaje, cómo te arrastra sin darte tiempo a pensar. Me di cuenta de que esa forma de narrar me ha influido profundamente. Escribo como pienso: a saltos. Y eso, en parte, es culpa suya.
❤️ Un clásico que me atraviesa
Cada vez que alguien habla mal de estos libros, mi primera reacción es: “¿Pero te los has leído de verdad? Nadie en su sano juicio diría tal cosa”. Luego sonrío. Porque recuerdo que yo tampoco estoy del todo cuerda. Y quizás por eso, los amo tanto.
Feyre, una humana de diecinueve años, sobrevive como puede en un mundo dividido por un muro invisible entre humanos y feéricos. Un día mata a un lobo en el bosque, sin saber que era una criatura inmortal. Como castigo, un fae aparece en su puerta y la obliga a cruzar el muro para vivir con él. Lo que al principio parece un castigo, se convierte en un viaje lleno de peligro, magia, secretos… y una historia de amor nada sencilla.
Cuando empecé a leerlo, me esperaba un retelling romántico y algo oscuro de La Bella y la Bestia, y aunque esa base está, el tono es mucho más sombrío y sensual de lo que me imaginaba. Y sí, también más incómodo en ciertos aspectos.
💜 Lo que me ha gustado
El universo feérico que plantea Maas me fascinó. Está lleno de peligro, jerarquía, belleza y brutalidad. Se nota que es solo la punta del iceberg.
Feyre no es la típica heroína fuerte sin grietas: comete errores, actúa por rabia, por miedo, por amor… y eso la hace muy real.
El contraste entre lo visualmente hermoso y lo emocionalmente retorcido me pareció muy bien manejado.
El estilo narrativo es ágil pero atmosférico. Me atrapó con escenas sensoriales que parecen sacadas de un sueño… o una pesadilla.
Aparece un personaje llamado Rhysand que… en fin. Volveremos a hablar de él.
🤨 Lo que no tanto
La historia de amor central (con Tamlin) me pareció artificial y, por momentos, perturbadora. Y no solo por la rapidez: había detalles que me ponían incómoda, aunque no sabía exactamente por qué.
Algunas partes de la trama están demasiado resumidas, sobre todo hacia el final, donde se resuelven conflictos con poca emoción para todo lo que está en juego.
El worldbuilding se siente limitado aún, aunque promete mucho más en siguientes entregas.
🔍 Reflexión personal
Tengo que decirlo: Tamlin me dio mala espina desde el principio. Hay una forma de controlar disfrazada de protección que me resulta demasiado familiar. Hace unos años estuve en una relación que, aunque no parecía abusiva a ojos de los demás, lo era en detalles sutiles: decisiones tomadas por mí «por mi bien», aislamiento encubierto en forma de «necesito tiempo contigo», disculpas vacías tras explosiones de mal humor.
Leer a Tamlin fue como tener un eco de todo eso. Me incomodaba sin poder explicarlo del todo, y cuando leí el segundo libro, comprendí que esa incomodidad tenía base. Y no, no creo que Sarah J. Maas lo hiciera por casualidad.
Me pareció importante decirlo porque no todas las lectoras van a sentir lo mismo, y está bien, pero si tú también lo sentiste raro… no estás sola. A veces lo que parece romántico no lo es, y tu instinto no te miente.
📌 Frase destacada
“Podía sobrevivir sola en el bosque, pero no sabía cómo sobrevivir a la oscuridad dentro de mí.”
🎯 ¿Lo recomiendo?
Sí, pero con matices. Te va a gustar si buscas:
Una historia romántica y oscura con toques sensuales.
Mundos mágicos con criaturas poderosas y ambiguas.
Una protagonista con luces y sombras.
No te va a cambiar la vida, pero te puede hacer pensar más de lo que esperas. Y si llegas al segundo libro… prepárate para que todo se desmonte.