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  • Una Corte de Hielo y Estrellas – Sarah J. Maas

    Una Corte de Hielo y Estrellas – Sarah J. Maas

    Aviso rápido y necesario: esta no va a ser una de las reseñas más positivas que voy a escribir. Y sí, hay spoilers.
    Pero quiero dejar algo claro desde el principio: mi crítica no va dirigida a la novela como tal, sino a la traducción y adaptación al castellano, que para mí empañan gravemente la experiencia.

    Dicho esto, vamos por partes.

    El tono general de Una corte de hielo y estrellas es, desde mi punto de vista, muy claro: calma. Es un libro de transición, de recogida, de respirar después del caos. Venimos de Una corte de alas y ruina, de guerra, pérdidas y tensión constante, y esta historia funciona como ese silencio incómodo pero necesario que queda después del incendio: cenizas, escombros y reconstrucción emocional. No pretende ser épica, ni intensa, ni avanzar la trama a grandes zancadas. Y eso, en esencia, me parece coherente con lo que quiere contar.

    Sabía perfectamente a lo que iba. Tenía claro que era una novela puente —esa famosa “3.5”— y no la cuarta parte real. No esperaba una gran trama ni conflictos enormes, sino precisamente ese espacio intermedio entre grandes eventos. En ese sentido, el libro cumple lo que promete.

    Lo que más he disfrutado ha sido, sin duda, salir por fin del punto de vista constante de Feyre. Leer desde Cassian y Morrigan aporta aire fresco y matices que hasta ahora solo intuíamos. Además, agradezco que Elain empiece a mostrar una evolución real; después de lo absolutamente plana y pasiva que resultaba en el tercer libro, aquí por fin deja de ser un peso muerto narrativo y empieza a insinuar algo más interesante.

    Sin embargo, no todo me ha funcionado igual de bien. La insistencia constante en la dinámica de “somos pareja, luego tenemos que tener sexo todo el tiempo” empieza a cansarme. No aporta profundidad nueva a la relación de Feyre y Rhysand, ni evolución emocional real; es repetitivo y, en este punto de la saga, innecesario.

    Tampoco me ha terminado de convencer el cambio tan radical en la relación entre Feyre y Nesta. Sabemos que Nesta siempre ha sido fría, dura y distante, pero aquí roza lo desagradable. Entiendo el argumento del estrés postraumático, pero aun así el retrato me resulta excesivo y poco equilibrado, especialmente en comparación con cómo se había construido su personaje anteriormente.

    Si tengo que destacar a alguien que brilla, curiosamente es Ressina, un personaje secundario que he terminado adorando sin esperarlo. A veces son estos pequeños detalles los que sostienen una historia cuando la trama principal es mínima.

    Comparar este libro con la trilogía principal me parece injusto y poco útil. No juegan en la misma liga ni buscan lo mismo. Allí todo era tensión, guerra y supervivencia; aquí tenemos silencio, reconstrucción y rutina. Como libro puente, no me parece mal planteado y creo que incluso es necesario para evitar un salto narrativo brusco tras una guerra tan grande.

    Ahora bien, mi sensación final al cerrar el libro fue bastante clara: “Uf, menos mal que ya se ha acabado y puedo leer otra cosa”. No porque la historia sea horrible, sino porque la experiencia de lectura se me ha hecho cuesta arriba.

    Si tuviera que recomendarlo, lo diría sin rodeos: NO recomiendo la versión española. Y aquí es donde empieza la verdadera crítica.

    Mi problema con este libro no es la historia. Es cómo está traducido y adaptado al castellano. Y cuanto más avanzaba en la lectura, más errores encontraba, hasta el punto de sacarme completamente de la experiencia.

    Para empezar, la traducción peca constantemente de literalidad. Hay frases que están claramente calcadas del inglés, estructuras que en castellano suenan forzadas, artificiales, poco naturales. No es un “estilo distinto”: es ese inglés disfrazado de español que hace que tengas que releer frases porque algo no encaja. En un libro que vive del tono íntimo y de la calma emocional, esto es especialmente grave.

    A esto se suman inconsistencias internas que no deberían pasar ningún control editorial. Términos que se usan de una forma en un capítulo y de otra en el siguiente, referencias que cambian sin motivo, pequeños detalles que rompen la coherencia del texto y te recuerdan constantemente que estás leyendo una traducción descuidada.

    Los diálogos merecen mención aparte. Hay momentos en los que la puntuación es errática: a veces aparecen guiones, otras veces desaparecen, y el resultado es confusión. Escenas que deberían fluir se vuelven torpes, con un ritmo raro, poco claro.

    Luego están los errores que ya no son de estilo, sino fallos objetivos. El más sangrante: el capítulo 22, que aparece atribuido a Cassian cuando es evidente que está narrado por Feyre. Y no es un detalle menor: es un capítulo de sexo. Cambiar el narrador en una escena tan íntima no solo es un error técnico, es una ruptura total de la voz narrativa.

    Otro ejemplo que me sacó completamente del libro es el uso de “luces hada” en lugar de “fae”. No es una simple elección de palabra: es una decisión que empobrece el worldbuilding y lo infantiliza, rompiendo la coherencia con el universo que la saga lleva construyendo libro tras libro.

    También he notado cómo, a través de la traducción, la personalidad de Rhysand se desdibuja. No porque el personaje haya cambiado en la historia, sino porque su voz en castellano no suena a él. El tono, las palabras escogidas y la forma de expresarse hacen que parezca más brusco, más plano, incluso más distante de lo que es en el original. Y en un personaje tan querido y tan bien definido, eso se nota muchísimo.

    En conjunto, la sensación es clara: no es un problema puntual, es una suma constante de decisiones mal tomadas, errores evitables y falta de cuidado. Y duele especialmente porque Una corte de hielo y estrellas es un libro de transición, de atmósferas, de pequeños gestos. Justo lo que una mala traducción arruina sin piedad.

    Por eso, si alguien me preguntara si lo recomiendo, mi respuesta sería clara: no recomiendo la versión española.

    No porque la historia no tenga sentido como libro puente, sino porque la experiencia de lectura queda gravemente dañada por una traducción que no está a la altura de la saga.


    ¿Has leído Una corte de hielo y estrellas? ¿Te pasó lo mismo con la traducción o tu experiencia fue distinta? Te leo 👀📚

    Ver reseña de: Una Corte de Rosas y Espinas

  • Alas de Sangre – Rebecca Yarros

    Alas de Sangre – Rebecca Yarros

    🐉 Un inicio lento… para un vuelo que no te suelta

    Si algo tengo claro después de cerrar Alas de Sangre, es que este libro te atrapa cuando menos te lo esperas. Literalmente: la primera mitad me duró seis meses… y la segunda me la devoré en tres días. El inicio es lento, sí, pero también comprensible: el mundo de Yarros es tan rico, tan complejo y tan distinto a lo nuestro, que al principio cuesta encontrar el ritmo. Pero una vez lo haces, prepárate: te lleva volando de capítulo en capítulo.

    Y vaya viaje. He pasado por enfado, frustración, calor, carcajadas y un par de lagrimones de esos que te obligan a cerrar el libro y respirar.

    Además, me ha tocado algo muy personal:

    • Me llamo Montserrat → existe una tierra llamada Montserrat.
    • Mi nombre como autora (desde mucho antes de leer este libro) es Montse de Nyra → y resulta que Nyra también está en el libro.
    • Estoy operada de las rodillas porque se me salían las rótulas, igual que Violet.

    Vamos, que en ciertos momentos sentí que el libro me guiñaba el ojo.

    Cuando un personaje cambia tanto entre el principio y el final suele oler a “me han acelerado el desarrollo”. Pero aquí no. La evolución de Violet es natural, creíble y totalmente coherente con lo que vive. Tiene que adaptarse para sobrevivir, y el libro te lo hace sentir. No hay ni una nota fuera de lugar.

    Voy a necesitar que alguien me explique cuándo y por qué se enamora exactamente Xaden, porque él lo tiene clarísimo desde el día uno. Yo ahí tomando notas como si hubiera examen.

    La tensión entre ellos es maravillosa. Es ese tipo de tensión que te hace querer gritarles: “¡hablad, por favor!”
    Y el drama… cero quejas. Están en lados opuestos; si no hubiera drama, sería raro.

    En cuanto a los personajes más secundarios… Aquí podría escribir una trilogía.

    • Rhiannon: desde que aparece en el parapeto viví con miedo a que muriera de forma traumática. Me alegra que no… aunque ahora arrastro ansiedad anticipatoria para el segundo libro.
    • Dain: predecible, rígido, insufrible… un gilipollas. No hay mejor palabra. De hecho, un doble gilipollas por si quedaba duda.
    • Jack Barlowe: lo que sentía por él era asco y desprecio en cantidades industriales. Violet lo gestionó con una calma que yo no tendría; yo hubiera muerto en el primer encontronazo.
    • Mira y Lilith: next, por favor. Las odio a ambas por igual. Me da igual que la relación de Violet con Mira sea «buena», no la trago.
    • Liam: aquí sí que me rompí. Tuve que soltar el libro y llorar. Su muerte, tan agónica y cruel, me dejó destrozada. La sentí como una pérdida personal.

    Desde que terminé el libro tengo en bucle la escena del parapeto, la muerte de jack, la caída de Liam, el descubrimiento de Brennan… mi cerebro decidió que no había botón de pausa.

    Siempre he sido de la opinión de que si un libro de fantasía trae mapa, promete.
    Y este mundo no solo promete: cumple. Rico, complejo, con capas y secretos. No me extraña que el inicio sea lento; casi lo agradezco viendo lo bien construido que está todo.

    Si algo tengo clarísimo después de leer Alas de Sangre, es que los dragones NO son mascotas, NO son monturas, y desde luego NO son animales “mono” para hacerles caricias…
    Son entidades con contrato fijo de “o me respetas o te achicharro viva”. Y eso, sinceramente, me encanta.

    Lo que más me ha flipado es que Yarros no los trata solo como criaturas mágicas: son personajes. Con carácter, con normas, con opiniones, con sentido del humor (negro, normalmente), con política interna y con cero ganas de soportar humanos inútiles.

    • Tairn: puro caos en forma de dragón viejo, quemado de la vida y con un sarcasmo digno de un abuelo que ya ha visto demasiadas tonterías. Icono.
    • Andarna: mi niña, mi protegida, mi favorita. Si algo le pasa me convierto en Xaden pero mal.
    • En general, todos los dragones:
      ✦ listos,
      ✦ peligrosos,
      ✦ orgullosos,
      ✦ y con una vibra de “no estoy aquí para tus dramas humanos”.

    Además, me encanta que no puedas mentirles y que tengan esa especie de pacto sagrado donde respetarles es cuestión de supervivencia. Nada de “adoro a mi dragoncito” rollo How to Train Your Dragon. Aquí es más: “Me he ganado que no me mate hoy, qué ilusión.”

    El vínculo entre Violet y los dragones está escrito de una forma que te hace creer que realmente existe ese lazo antiguo, poderoso, casi biológico.
    Y eso es lo que diferencia este libro de otros con dragones: que aquí tienen peso real, reglas reales, consecuencias reales.

    El worldbuilding alrededor de ellos está tan bien pensado que no se sienten como “decorado épico”, sino como una parte esencial del conflicto, la política y el destino del continente. Son pieza clave, no adorno.

    Además, su manera de comunicarse, su papel en las batallas y la forma en que influyen directamente en la vida (y muerte) de los personajes hace que toda la historia suba de nivel.

    Una de las cosas que más me ha sorprendido —para bien— es lo bien medido que está el spice.
    Porque sí, me encanta el salseo, me encanta la tensión, me encanta cuando los personajes se miran como si el mundo fuera a arder…
    Peeero también soy de las que piensa que si un libro de fantasía desaprovecha toda su magia y construcción del mundo para convertirse en un «vamos a encerrarnos en un armario cada tres capítulos», pierde muchísimo. (Hola, ACOTAR, te miro con cariño pero te miro).

    En Alas de Sangre no pasa eso.

    El spice aparece cuando tiene que aparecer, no antes ni después.
    Está integrado en la historia, no la tapa, no la secuestra, no la sustituye.
    Y cuando finalmente llega… es intenso, es emocional, es coherente con la relación y con la evolución de los personajes. No es humo, no es relleno, y desde luego no es fanservice barato.

    Además, teniendo en cuenta:

    • el mundo brutal en el que viven,
    • la presión constante,
    • la posibilidad real de morir cada día,
    • la guerra latente,
    • y el hecho de que Violet empieza en una posición física muy vulnerable…

    …es normal que el spice esté racionado. No porque falte química —que la hay, y mucha—, sino porque sería absurdo que estuvieran “dándolo todo” cada dos capítulos cuando literalmente pueden morir en la escalera del desayuno.

    Y aun así, cuando toca: uuf.
    El libro sube la temperatura sin necesidad de ser explícito cada cinco páginas.

    En cuanto al romance, es lo que hace que el libro entre de lleno en el terreno del romantasy. No invade la trama, pero tampoco se queda corto. Es ese tipo de romance que se cocina a fuego lento, que va avanzando con cada choque, cada conversación, cada mirada tensa, cada momento de “si digo una palabra más, la cago”.

    No eclipsa la historia ni el worldbuilding, sino que lo acompaña, lo humaniza y lo eleva.
    Y sobre todo: no se siente precipitado. Se siente inevitable.
    Es el tipo de relación que cuando ocurre dices: “claramente solo podía pasar así”.

    El equilibrio entre fantasía – drama – tensión – romance – spice está tan bien hecho que no hay un solo elemento comiéndose a los demás. Y para un género donde es facilísimo pasarse o quedarse corto, esto para mí es uno de los grandes aciertos del libro.


    📢 ¿Lo recomiendo? Sí, pero…

    Lo recomiendo muchísimo, pero con content warnings. No es un libro para todo el mundo, y es importante saberlo antes de entrar.

    Por mi parte, estoy deseando empezar el segundo.
    PERO antes me toca intercalar con otro de ACOTAR, que una también necesita sus pequeñas vacaciones emocionales.


    🖤 Cierre

    Cerrar esta reseña me resulta casi tan difícil como soltar las riendas de un dragón que aún ruge dentro de mí. Este libro deja un eco, una quemadura suave en el pecho, una pregunta que sigue viva incluso cuando cierro la última página. Alas de Sangre me removió, me descolocó, me hizo sentir… y todavía sigo volviendo mentalmente al parapeto, a Liam, a las sombras, a los secretos.

    Yo ya he contado lo que esta historia me encendió por dentro.
    Ahora te toca a ti.

    ¿Te atreves a cruzar el parapeto?

  • El Nombre del Viento

    El Nombre del Viento

    — Patrick Rothfuss

    🌬️ Un libro que marcó mi vida

    El nombre del viento llegó a mis manos gracias a la recomendación de un conocido con el que, a día de hoy, ya no tengo contacto. Pero le estaré eternamente agradecida porque, sin saberlo, esa recomendación cambiaría mi vida: gracias a esta lectura conocí a mi marido. Es increíble cómo un libro puede convertirse en un punto de inflexión personal.

    🎻 Kvothe: el personaje que me habría gustado conocer

    Kvothe es uno de esos personajes que me habría encantado conocer en la vida real. No puedo explicar exactamente qué es lo que me transmite, solo sé que me gustaría estar por y para él. Su historia es trágica y está llena de momentos que te roban el aliento. Miles de escenas hicieron que aguantara la respiración y que se me erizara la piel. Esa intensidad es lo que, para mí, convierte a El nombre del viento en una historia tan poderosa.

    📜 Un mundo vibrante y lleno de personajes memorables

    Si hay algo que Patrick Rothfuss sabe hacer como nadie es construir mundos. El nombre del viento no es solo la historia de Kvothe: es un universo entero que cobra vida en cada página. Desde los rincones de la Universidad, con sus torres, bibliotecas infinitas y maestros tan enigmáticos como severos, hasta los caminos peligrosos que Kvothe debe recorrer, cada lugar está descrito con tal detalle que casi puedes sentir el aire, los sonidos y los olores.

    Pero este mundo no sería lo mismo sin la riqueza de sus personajes. Cada uno está tan bien definido que resulta imposible olvidarlos. Bast, el fiel amigo y aprendiz de Kvothe en la taberna, es uno de esos personajes que aportan calidez y misterio a partes iguales. Su lealtad, su chispa y esa sensación de que sabe más de lo que aparenta lo convierten en imprescindible.

    Auri, la pequeña y frágil habitante de los subterráneos de la Universidad, es otra joya del libro. Su manera de ver el mundo, tan pura y mágica, me llegó al corazón. Es uno de esos personajes que parecen hechos de luz y silencio, y cada momento con ella es un regalo.

    Denna, con su aura enigmática y su relación tan compleja con Kvothe, despierta sentimientos encontrados que enriquecen aún más la trama. Sim y Wil, los inseparables amigos de Kvothe en la Universidad, aportan momentos de camaradería y ternura que equilibran la dureza de la historia. Y por supuesto, los Chandrian, esas figuras casi míticas que lo cambian todo con su mera existencia, son el motor de buena parte del misterio.

    Todo esto crea una sensación de estar habitando un mundo vivo, que sigue girando incluso cuando cierras el libro. Un mundo que cuesta dejar atrás.

    ✨ El final y la espera interminable

    El final me dejó con más preguntas que respuestas, así que no dudé en comprar su segunda entrega, El temor de un hombre sabio, en cuanto salió. Y aquí estoy, quince años después, esperando la tercera entrega con la misma ilusión que el primer día. Porque cuando un libro te toca tan profundamente, la espera, por larga que sea, se siente como parte de la experiencia.

    “Las palabras son, en mi no tan humilde opinión, nuestra inagotable fuente de magia.”

  • El príncipe de la niebla

    El príncipe de la niebla

    — Carlos Ruíz Zafón

    Hay libros que se cuelan en tu vida sin avisar. Que aparecen cuando no sabes qué hacer, cuando estás en pausa, esperando que algo te saque del letargo. La primera vez que leí El príncipe de la niebla fue un verano, en casa de mi mejor amigo. Él estaba entretenido jugando al ordenador. Yo, aburrida, rebuscando en su estantería. No tenía ningún plan de lectura, pero vi una portada que me llamó. El título me intrigó. Leí la contraportada. Y ya no hubo vuelta atrás.

    Me lo devoré en una tarde. No sabía lo que me esperaba. No esperaba que fuera de miedo. No esperaba que me helara la sangre.


    🕰 Una historia que se retuerce entre la niebla

    Leer este libro fue como meterse en un túnel sin luz, donde cada paso te lleva a un lugar distinto al que creías. Había momentos en los que sentí miedo de verdad. Del que se mete en la espalda y se te queda agarrado. Zafón tiene esa forma suya de narrar que parece suave, elegante… hasta que te das cuenta de que estás atrapada. Que ya no puedes salir.

    Me sorprendió la atmósfera oscura, el aire de tensión constante, el terror psicológico, el caos emocional. Me daba escalofríos. Literalmente. Intentaba adivinar lo que iba a pasar y mi cabeza simplemente… no podía. No había lógica. Era pura intuición fallida. Y eso lo hacía todavía más inquietante.

    Al mismo tiempo, había ternura. Nostalgia. Esa sensación melancólica que a veces sólo pueden darte los libros escritos con el corazón. Había personajes que me conmovieron, aunque, como siempre, eso es territorio spoiler. Si quieres entender a qué me refiero, vas a tener que leerlo.


    🪶 La primera niebla no se olvida

    Este fue mi primer Zafón. Y a partir de ahí, todo cambió. Me leí casi todos sus libros. Uno detrás de otro. Me dejé llevar por su voz, por sus misterios, por esa manera suya de mezclar lo imposible con lo cotidiano. Su muerte, años más tarde, fue una herida silenciosa. Algo dentro de mí se rompió y todavía no se ha recompuesto del todo.

    Si no has leído nunca a Carlos Ruiz Zafón, este es un buen lugar para empezar. Tiene la dosis justa de miedo, misterio, emoción y belleza narrativa. Y ese aire de cuento oscuro que te acompaña mucho después de cerrar el libro.


    ✍️ Cuando lo importante no es saber qué pasa… sino sentirlo

    Zafón no escribe para que adivines. Escribe para que sientas. Y en este libro, su forma de crear tensión es magistral. Nunca sabes hacia dónde va. No hay fórmulas ni pistas evidentes. Te agarra de la mano y te lleva por un camino donde cada curva es una sorpresa. Hay giros que no ves venir, y eso es una de las cosas que más disfruté.

    Escribe con elegancia, sin prisas, pero con intención. Cada palabra está colocada como si fuera parte de una sinfonía. Y aun así, es ágil. Fluye. Y te atrapa.


    «Los malos recuerdos te persiguen sin necesidad de llevarlos contigo.»

  • Alicia en el País de las Maravillas

    Alicia en el País de las Maravillas

    — Lewis Carrol

    ✨Primer encuentro: una película, un flechazo

    Conocí a Alicia a través de la película de animación, esa que le regalaron a mi madre con alguna promoción. A ella le horrorizaba. A mí me atrapó desde el primer minuto. Había algo ahí —algo que no sabía explicar— que me hacía sentir en casa.

    Pasaron años hasta que los libros cayeron en mis manos. Un día cualquiera, con tiempo libre en la biblioteca del instituto, vi el título. Pensé: “¿Por qué no? Si la peli me gustó…”. Me lo llevé. Y lo devoré. Años más tarde me regalaron una edición con los poemas incluidos. Me lo releí entero. Y desde entonces, lo conservo como un pequeño tesoro.


    🧠 Alicia y yo: parecidas, aunque diferentes

    Lo que más me fascina de Alicia es su curiosidad insaciable, casi tan grande como la mía. También me veía reflejada en su valentía (aunque confieso que la he ido perdiendo con los años), y sobre todo, en su manera de fluir. Ella se adapta al caos. Yo, como persona autista, no tanto.

    Me impacta ver cómo Alicia atraviesa un mundo donde todo cambia sin avisar, donde nada tiene sentido. Yo me bloquearía. Ella no. Ella se deja llevar. Y la admiro profundamente por eso.

    Todo en el País de las Maravillas y en el mundo del Espejo me atrapa: las normas que se rompen, los diálogos absurdos, los juegos de lógica. Es un caos con sentido, un orden propio. Y en ese caos, encuentro algo que me resuena.


    🎩 Personajes que hablan como mis voces internas

    Mis favoritos: el Sombrerero y el Gato de Cheshire. Ambos parecen locos, pero dicen verdades envueltas en acertijos. Yo los escucho como si fueran mis propias vocecillas internas.

    También le tengo cariño a la Oruga, aunque su humo no me entusiasma. Y si pudiera meterme en la historia, sin duda me sentaría a tomar el té con el Sombrerero, o a tener conversaciones absurdas con el gato. Aunque lo de saber la hora sería otra historia…

    Alicia no es plana. Es un reflejo: Caótica. Divertida. Torpe. Brillante. Curiosa. Así es Alicia. Así soy yo. Tiene una evolución. No es la misma al principio que al final. Y eso me encanta. Porque pocas veces se representa tan bien el cambio interior de una niña que explora sin miedo (o con él, pero lo atraviesa igual).


    😠 Personajes que no soporto, y por eso los admiro

    La Reina de Corazones me parece una exageración de personas reales que no soporto. Gritona, autoritaria, absurda. Y Humpty Dumpty… le cogí manía de pequeña, y así se ha quedado. Pero justo por eso sé que el libro es brillante: provoca. Te hace sentir.


    📚 Sobre Carroll, la narración y lo que me enseñó

    Sé que hay rumores e historias sobre Lewis Carroll. No sé qué es verdad o no, pero he aprendido a separar arte y artista.

    Su estilo me flipa: cómo cambia de escena sin avisar, cómo juega con el lenguaje, cómo te arrastra sin darte tiempo a pensar. Me di cuenta de que esa forma de narrar me ha influido profundamente. Escribo como pienso: a saltos. Y eso, en parte, es culpa suya.


    ❤️ Un clásico que me atraviesa

    Cada vez que alguien habla mal de estos libros, mi primera reacción es: “¿Pero te los has leído de verdad? Nadie en su sano juicio diría tal cosa”. Luego sonrío. Porque recuerdo que yo tampoco estoy del todo cuerda. Y quizás por eso, los amo tanto.


    🏁 Y como dijo el gato…

    “Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí.»