🐉 Un inicio lento… para un vuelo que no te suelta
Si algo tengo claro después de cerrar Alas de Sangre, es que este libro te atrapa cuando menos te lo esperas. Literalmente: la primera mitad me duró seis meses… y la segunda me la devoré en tres días. El inicio es lento, sí, pero también comprensible: el mundo de Yarros es tan rico, tan complejo y tan distinto a lo nuestro, que al principio cuesta encontrar el ritmo. Pero una vez lo haces, prepárate: te lleva volando de capítulo en capítulo.
Y vaya viaje. He pasado por enfado, frustración, calor, carcajadas y un par de lagrimones de esos que te obligan a cerrar el libro y respirar.
Además, me ha tocado algo muy personal:
- Me llamo Montserrat → existe una tierra llamada Montserrat.
- Mi nombre como autora (desde mucho antes de leer este libro) es Montse de Nyra → y resulta que Nyra también está en el libro.
- Estoy operada de las rodillas porque se me salían las rótulas, igual que Violet.
Vamos, que en ciertos momentos sentí que el libro me guiñaba el ojo.

Cuando un personaje cambia tanto entre el principio y el final suele oler a “me han acelerado el desarrollo”. Pero aquí no. La evolución de Violet es natural, creíble y totalmente coherente con lo que vive. Tiene que adaptarse para sobrevivir, y el libro te lo hace sentir. No hay ni una nota fuera de lugar.
Voy a necesitar que alguien me explique cuándo y por qué se enamora exactamente Xaden, porque él lo tiene clarísimo desde el día uno. Yo ahí tomando notas como si hubiera examen.
La tensión entre ellos es maravillosa. Es ese tipo de tensión que te hace querer gritarles: “¡hablad, por favor!”
Y el drama… cero quejas. Están en lados opuestos; si no hubiera drama, sería raro.
En cuanto a los personajes más secundarios… Aquí podría escribir una trilogía.
- Rhiannon: desde que aparece en el parapeto viví con miedo a que muriera de forma traumática. Me alegra que no… aunque ahora arrastro ansiedad anticipatoria para el segundo libro.
- Dain: predecible, rígido, insufrible… un gilipollas. No hay mejor palabra. De hecho, un doble gilipollas por si quedaba duda.
- Jack Barlowe: lo que sentía por él era asco y desprecio en cantidades industriales. Violet lo gestionó con una calma que yo no tendría; yo hubiera muerto en el primer encontronazo.
- Mira y Lilith: next, por favor. Las odio a ambas por igual. Me da igual que la relación de Violet con Mira sea «buena», no la trago.
- Liam: aquí sí que me rompí. Tuve que soltar el libro y llorar. Su muerte, tan agónica y cruel, me dejó destrozada. La sentí como una pérdida personal.
Desde que terminé el libro tengo en bucle la escena del parapeto, la muerte de jack, la caída de Liam, el descubrimiento de Brennan… mi cerebro decidió que no había botón de pausa.

Siempre he sido de la opinión de que si un libro de fantasía trae mapa, promete.
Y este mundo no solo promete: cumple. Rico, complejo, con capas y secretos. No me extraña que el inicio sea lento; casi lo agradezco viendo lo bien construido que está todo.
Si algo tengo clarísimo después de leer Alas de Sangre, es que los dragones NO son mascotas, NO son monturas, y desde luego NO son animales “mono” para hacerles caricias…
Son entidades con contrato fijo de “o me respetas o te achicharro viva”. Y eso, sinceramente, me encanta.
Lo que más me ha flipado es que Yarros no los trata solo como criaturas mágicas: son personajes. Con carácter, con normas, con opiniones, con sentido del humor (negro, normalmente), con política interna y con cero ganas de soportar humanos inútiles.
- Tairn: puro caos en forma de dragón viejo, quemado de la vida y con un sarcasmo digno de un abuelo que ya ha visto demasiadas tonterías. Icono.
- Andarna: mi niña, mi protegida, mi favorita. Si algo le pasa me convierto en Xaden pero mal.
- En general, todos los dragones:
✦ listos,
✦ peligrosos,
✦ orgullosos,
✦ y con una vibra de “no estoy aquí para tus dramas humanos”.
Además, me encanta que no puedas mentirles y que tengan esa especie de pacto sagrado donde respetarles es cuestión de supervivencia. Nada de “adoro a mi dragoncito” rollo How to Train Your Dragon. Aquí es más: “Me he ganado que no me mate hoy, qué ilusión.”
El vínculo entre Violet y los dragones está escrito de una forma que te hace creer que realmente existe ese lazo antiguo, poderoso, casi biológico.
Y eso es lo que diferencia este libro de otros con dragones: que aquí tienen peso real, reglas reales, consecuencias reales.
El worldbuilding alrededor de ellos está tan bien pensado que no se sienten como “decorado épico”, sino como una parte esencial del conflicto, la política y el destino del continente. Son pieza clave, no adorno.
Además, su manera de comunicarse, su papel en las batallas y la forma en que influyen directamente en la vida (y muerte) de los personajes hace que toda la historia suba de nivel.

Una de las cosas que más me ha sorprendido —para bien— es lo bien medido que está el spice.
Porque sí, me encanta el salseo, me encanta la tensión, me encanta cuando los personajes se miran como si el mundo fuera a arder…
Peeero también soy de las que piensa que si un libro de fantasía desaprovecha toda su magia y construcción del mundo para convertirse en un «vamos a encerrarnos en un armario cada tres capítulos», pierde muchísimo. (Hola, ACOTAR, te miro con cariño pero te miro).
En Alas de Sangre no pasa eso.
El spice aparece cuando tiene que aparecer, no antes ni después.
Está integrado en la historia, no la tapa, no la secuestra, no la sustituye.
Y cuando finalmente llega… es intenso, es emocional, es coherente con la relación y con la evolución de los personajes. No es humo, no es relleno, y desde luego no es fanservice barato.
Además, teniendo en cuenta:
- el mundo brutal en el que viven,
- la presión constante,
- la posibilidad real de morir cada día,
- la guerra latente,
- y el hecho de que Violet empieza en una posición física muy vulnerable…
…es normal que el spice esté racionado. No porque falte química —que la hay, y mucha—, sino porque sería absurdo que estuvieran “dándolo todo” cada dos capítulos cuando literalmente pueden morir en la escalera del desayuno.
Y aun así, cuando toca: uuf.
El libro sube la temperatura sin necesidad de ser explícito cada cinco páginas.
En cuanto al romance, es lo que hace que el libro entre de lleno en el terreno del romantasy. No invade la trama, pero tampoco se queda corto. Es ese tipo de romance que se cocina a fuego lento, que va avanzando con cada choque, cada conversación, cada mirada tensa, cada momento de “si digo una palabra más, la cago”.
No eclipsa la historia ni el worldbuilding, sino que lo acompaña, lo humaniza y lo eleva.
Y sobre todo: no se siente precipitado. Se siente inevitable.
Es el tipo de relación que cuando ocurre dices: “claramente solo podía pasar así”.
El equilibrio entre fantasía – drama – tensión – romance – spice está tan bien hecho que no hay un solo elemento comiéndose a los demás. Y para un género donde es facilísimo pasarse o quedarse corto, esto para mí es uno de los grandes aciertos del libro.
📢 ¿Lo recomiendo? Sí, pero…
Lo recomiendo muchísimo, pero con content warnings. No es un libro para todo el mundo, y es importante saberlo antes de entrar.
Por mi parte, estoy deseando empezar el segundo.
PERO antes me toca intercalar con otro de ACOTAR, que una también necesita sus pequeñas vacaciones emocionales.
🖤 Cierre
Cerrar esta reseña me resulta casi tan difícil como soltar las riendas de un dragón que aún ruge dentro de mí. Este libro deja un eco, una quemadura suave en el pecho, una pregunta que sigue viva incluso cuando cierro la última página. Alas de Sangre me removió, me descolocó, me hizo sentir… y todavía sigo volviendo mentalmente al parapeto, a Liam, a las sombras, a los secretos.
Yo ya he contado lo que esta historia me encendió por dentro.
Ahora te toca a ti.
¿Te atreves a cruzar el parapeto?


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