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    La Trenza – Laetitia Colombani

    Tres historias, una promesa… y una ejecución que no termina de trenzarse

    La trenza – Laetitia Colombani

    Tres historias que prometían romperme… y no lo consiguieron

    La trenza entrelaza la vida de tres mujeres en tres lugares del mundo:

    • Smita, en la India, perteneciente a la casta de los intocables, que limpia excrementos y sueña con que su hija pueda ir a la escuela.
    • Giulia, en Sicilia, que trabaja en el taller familiar donde reutilizan cabello natural para hacer pelucas.
    • Sarah, una abogada de éxito en Canadá que ve cómo su vida perfecta se tambalea cuando le diagnostican cáncer.

    La idea es poderosa. Mucho. Tres continentes. Tres luchas. Tres formas de resistencia femenina. Sobre el papel, es el tipo de novela que debería desgarrarte.

    Y, sin embargo…

    La intención social y feminista es clara. Se nota que la autora quiere denunciar la injusticia del sistema de castas, la precariedad laboral, la presión del éxito profesional, el machismo estructural. Todo eso está ahí. Bien señalado. Bien colocado.

    Pero demasiado bien colocado.

    Desde muy pronto podía anticipar qué iba a ocurrir en cada trama. Smita intentará romper el destino impuesto a su hija. Sarah ocultará su enfermedad para no perder poder en el bufete. Giulia tendrá que enfrentarse a la ruina familiar y encontrar una solución inesperada. Y, efectivamente, todo sucede según esa lógica narrativa casi matemática.

    No hay verdadera sorpresa. No hay grieta.

    Los personajes me resultaron poco profundos, casi encasillados. Smita es el símbolo de la opresión. Sarah es la mujer ejecutiva que sacrifica su humanidad por el éxito. Giulia es la heredera sensible que descubre su fuerza interior. Funcionan como arquetipos. Representan ideas. Pero no terminé de sentir que fueran personas.

    Y eso, en una novela que depende tanto de la emoción, pesa.

    Los conflictos están tratados con simplificación. La dureza existe —sobre todo en la historia de Smita—, pero muchas veces la resolución se siente limpia, ordenada, casi pulida. Como si la vida real hubiera pasado por filtro. Me faltó suciedad emocional. Ambigüedad. Contradicción.

    En varios momentos sentí que estaba leyendo titulares emocionales, no vidas reales. Que me dolían más las ideas que las propias protagonistas.

    La narrativa es muy funcional. Directa. Clara. Capítulos cortos que alternan puntos de vista con agilidad. El ritmo es rápido y eso hace que se lea casi sin darte cuenta. Es accesible. Fluida. Correcta.

    Pero también segura. Sin riesgo.

    No es un mal libro. Es un libro cómodo. Y quizá yo necesitaba algo que incomodara más.

    Entiendo por qué ha tenido tanto éxito. Es perfecto para alguien que quiera iniciarse en la ficción social: es fácil de seguir, transmite mensajes claros y tiene una estructura bien pensada. El paralelismo final entre las tres historias está construido con intención y cierra el círculo de forma coherente.

    Pero a mí no me ha marcado. No he conectado con ninguna de las tres mujeres. No me he quedado pensando en ellas días después. No me ha dejado eco.

    Prometía desgarrarme… y apenas me despeinó.

    Y lo digo casi con pena, porque la premisa era preciosa. Pero esta vez, la trenza no terminó de sostener el peso de sus propias ideas.


    ¿Soy la única a la que esta novela no le ha dejado huella… o también os pasó que todo era correcto, pero nada inolvidable?