Después de la primera parte de mi reseña de Humo y Espejos de Neil Gaiman, continúo con la segunda mitad del libro. Si algo caracteriza a este autor es su capacidad para incomodar, sorprender y atrapar con giros inesperados. Estos relatos van desde lo poético hasta lo grotesco, y aunque no todos me han gustado de la misma manera, lo cierto es que ninguno me ha dejado indiferente.
Si todavía no lo has hecho, lee la primera parte haciendo clic en este enlace.

Aquí volvemos a encontrarnos con Talbot, el mismo protagonista del relato anterior. En este punto ya sabemos que no es un licántropo clásico, sino un cambiaformas que decide cuándo transformarse. Y para rematar, descubrimos que es inmortal.
Un personaje invencible, poderoso, pero que a mí me transmite más tristeza que admiración: una vida eterna que parece condenada al aburrimiento y a la soledad.
Me quedo con ganas de que Gaiman nos contara más sobre él: ¿nació así?, ¿se convirtió en algún punto? ¿Qué precio paga por esa inmortalidad?

Este relato me pareció un ejemplo claro de justicia poética.
Desde el principio sospechaba cuál iba a ser el destino del protagonista, tan egoísta y obsesionado con conseguir más y más. Cuando surge la idea de que matar “puede hacerse gratis”, ya estaba cantado que él mismo sería la primera víctima.
Un cuento macabro que demuestra que la codicia siempre pasa factura.

O, como la conocía yo: Una vida decorada con Moorcock temprano.
Aquí prefiero no entrar en detalle. Contiene escenas muy explícitas con menores que me parecieron de pésimo gusto. Intenté leerlo, pero tuve que abandonarlo antes de llegar a la mitad.
Solo diré que no pienso incluir una opinión extensa porque creo que este relato ni siquiera debería haber sido publicado.

Un poema breve, extraño y a la vez cautivador.
Me sorprendió la combinación de lo moderno (ordenadores, tecnología) con algo tan antiguo y simbólico como las palomas. Esa mezcla rara es, precisamente, lo que le da encanto.
Me dejó con la sensación de estar leyendo algo fuera del tiempo.

Este texto, aunque corto, me fascinó. Oscuro, ominoso y lleno de potencial.
La idea de alguien que se encarga de “barrer” los sueños me parece tan sugerente que podría dar para una novela entera.
Me encantaría ver este concepto desarrollado en mayor profundidad, quizá incluso en un universo propio.

Crudo, explícito y muy incómodo de leer, pero también brillante.
Es una representación dura de las enfermedades venéreas, que empieza como una historia y termina siendo otra completamente distinta.
Este es otro gran ejemplo de un buen plot twist. Neil Gaiman te atrapa en una historia, para luego resultar ser otra completamente distinta, y ahí está su magia.
El giro final es impactante, y aunque no disfruto de los detalles gráficos, me gustó cómo trata el tema del tabú, la pérdida de identidad y la posibilidad de una humanidad controlada por bacterias.
Una obra maestra, aunque difícil de digerir.

Un poema romántico y melancólico, de esos que se leen en un suspiro pero dejan huella.
Habla del amor imposible de un vampiro y de la tristeza de lo que no pudo ser.
Me supo a poco, pero precisamente ahí reside su belleza.

Un relato corto, pero complejo en lo que transmite.
La historia personal del protagonista ya es desagradable (infidelidad, rechazo a su mujer tras un aborto), y a eso se suma el elemento fantástico: ratones que parecen ser personas, devorados por un misterioso gato gris.
La metáfora me resultó inquietante y me dejó con más preguntas que respuestas.
¿Quién era el gato?

Breve e intenso.
Es un recordatorio brutal de lo impredecible del mar: por mucho que te creas el mejor marinero, basta un instante para perderlo todo.
Directo y sin adornos. El mar es indomable, como la vida misma.

Este relato se me hizo cuesta arriba.
Está narrado desde la perspectiva de una niña, lo cual le da un aire inocente y confuso a la vez. Tiene referencias interesantes (como el “Daisy, Daisy” de otra historia de la colección), pero en general me faltó chispa.
La aparición de la mujer desnuda me hizo pensar en una bruja, pero el conjunto me pareció demasiado disperso.

Un relato tétrico que me puso los pelos de punta.
El beso a lo que parece un cadáver es de esas imágenes que se te quedan grabadas. Incómodo, repulsivo, pero eficaz: consigue que lo recuerdes.

Aquí tengo sentimientos encontrados.
La idea de poder robar pensamientos ajenos me parece absolutamente brillante, a pesar de ser a través del sexo.
Sin embargo, el medio por el que ocurre y lo explícito de algunas escenas me resultaron demasiado desagradables.
Como ya había comentado en otros posts, soy muy visual e imaginativa a consecuencia de mi autismo, y esas imágenes se me han quedado grabadas, a fuego, en lo más profundo de mi memoria.
Aun así, reconozco que es un relato poderoso y bien construido.
⚠️TRIGGER: SEX ⚠️
¿Quién no se limpia la viscosidad del semen de su abdomen antes de vestirse? Asqueroso. Simplemente repugnante.

Otra historia apocalíptica, y ya van unas cuantas en este libro.
Es macabra y claramente influenciada por Sweeney Todd. El concepto de utilizar bebés como alimento es tan salvaje que me cuesta procesarlo, pero como relato funciona: te atrapa, te incomoda y te hace pensar.
Lo que no entendí del todo es por qué los bebés han desaparecido. Es decir… ¿no se pueden «crear» más? ¿Aunque se tarde 9 meses?

Aquí Gaiman juega con el recurso de historias dentro de historias. A nivel creativo no me pareció de sus obras más brillantes: sujeto A mata a sujeto B, y sujeto C tiene que averiguar quién es el sujeto A, y porqué y cómo mató a sujeto B.
Aún así, tiene su encanto como relato detectivesco.
Lo que sí me gustó fue cómo plantea la jerarquía celestial y la posibilidad de que esta historia sea el germen de la caída de Lucifer, ya que, como siempre se ha dicho, Lucifer no fue siempre un demonio, si no que fue un ángel caído del cielo.

Una reinterpretación oscura de Blancanieves. No sé si la protagonista es un vampiro o algo distinto, pero me fascinó la manera en que transforma un cuento clásico en algo retorcido y perturbador. Me dejó con la sensación de estar leyendo una pesadilla disfrazada de cuento de hadas.
Sin embargo, hay una imagen que me va a perseguir y atormentar para siempre: la marca de los colmillos en el miembro viril de su padre. Ew.
Conclusión
La segunda parte de Humo y Espejos confirma lo que ya intuía con la primera: Neil Gaiman es un maestro en llevar al lector a terrenos incómodos, turbios y, a veces, brillantes. Algunos relatos me resultaron fascinantes, otros repulsivos, y alguno preferí ni terminarlo. Pero todos me provocaron algo, y eso ya es mucho decir.
💭 ¿Has leído este libro? ¿Cuál de estos relatos te impactó más, para bien o para mal? Te leo en comentarios.
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