Autor: Montse de Nyra

  • La sombra del Viento – Carlos Ruiz Zafón

    La sombra del Viento – Carlos Ruiz Zafón

    He leído La sombra del viento en dos ocasiones, y en ambas he tenido la extraña —y deliciosa— sensación de estar adentrándome por primera vez en sus páginas. Es como caminar por una Barcelona que, aun siendo conocida, se revela distinta en cada esquina, como si las sombras cambiaran de lugar y me invitaran a descubrir un secreto nuevo. Esa capacidad de sorprender, incluso cuando ya sabes lo que va a ocurrir, es lo que hace de este libro una experiencia casi mágica: siempre guarda un rincón oscuro en el que aún no habías mirado.

    Y aviso desde ya, sin metáforas ni rodeos: lo que viene a continuación no es una reseña ligera. Es un despiece a conciencia, con todos los spoilers que puedas imaginar. Si aún no has leído esta novela y quieres mantener intacta la experiencia, quizá deberías cerrar aquí la pestaña. Si decides seguir, será bajo tu propio riesgo: vamos a destripar juntos la historia, con todo lo que implica.


    Sobre el autor

    Soy seguidora y amante de las novelas de Carlos Ruiz Zafón. Todas las que han pasado por mis manos me han atrapado sin excepción, y me cuesta imaginar que algún día pueda existir un libro suyo que no me guste. Cada una de sus historias tiene esa chispa inconfundible que te hace sentir que estás ante algo más que una simple novela: es un universo entero desplegándose ante ti.

    Como ya conté en el apartado de Libros que me marcaron, el primero que cayó en mis manos fue El príncipe de la niebla. Aquel encuentro fue un punto de no retorno. Abrir esas páginas fue como cruzar la puerta de un lugar secreto y adentrarme en una especie de secta literaria, una hermandad invisible de lectores que, una vez dentro, ya no desean salir jamás. Porque Zafón no solo contaba historias: construía atmósferas, creaba vínculos invisibles entre sus personajes y el lector, y nos hacía sentir parte de algo inmenso.

    Recibir la noticia de su muerte fue devastador. Sentí que una parte de mi alma se apagaba con él. No solo lloré la pérdida de un autor, sino la certeza de que nunca volveríamos a tener nuevas historias suyas, nuevas sombras, nuevas voces que nos envolvieran en susurros literarios. Fue un dolor extraño, profundo, casi íntimo, como si hubiera perdido a alguien cercano. A día de hoy, todavía me sobrecoge pensar en todo lo que se ha quedado sin escribir, en las historias que jamás conoceremos. Y, sin embargo, también me consuela saber que lo que sí nos dejó sigue vivo y ardiendo en cada relectura.

    la sombra del viento por carlos ruíz zafón

    Desde el inicio, Daniel me resultó un personaje entrañable, casi como un niño al que quisiera abrazar para proteger de todo lo que le espera. Creo que esa ternura nace de su fragilidad: crecer solo con un padre, sin la figura materna que complete el hogar, le da una profundidad especial. No es solo que “le falte alguien”, es que esa ausencia se siente en sus gestos, en la manera en la que busca en los libros un refugio, una madre hecha de palabras y páginas.

    El momento en que elige a Carax me parece de los más mágicos. No es él quien lo escoge, sino que el libro parece tenderle la mano desde las sombras del Cementerio de los Libros Olvidados. Esa idea me persigue desde entonces: ¿y si los libros realmente nos eligen a nosotros? Desde que leí esa escena, cada vez que cojo un ejemplar —nuevo o gastado, con olor a tinta fresca o a polvo de biblioteca— me pregunto si ese libro llevaba tiempo llamándome, esperando que yo lo descubriera. Hay algo místico, casi espiritual, en esa forma de entender la lectura.

    Su desenamoramiento de Clara es, quizá, una de las escenas más dolorosas de la novela. No solo porque Daniel descubre que la mujer que idealizaba está desnuda bajo otro hombre, sino porque en ese instante se le rompe la inocencia. Todos pasamos alguna vez por esa primera decepción, por ese golpe que nos dice que el amor no siempre es correspondido, que no siempre es limpio ni justo. Pero verlo a través de Daniel es aún más duro: es como observar a alguien perder una parte de su infancia. La paliza que recibe después es casi un símbolo, un eco físico de esa herida emocional. Y leerlo me dolió como si me lo dieran a mí.

    Pero lo hermoso de esta historia es cómo la vida se empeña en poner luces en mitad de las sombras. Ese golpe lo acerca de nuevo a su padre, de quien parecía estar alejándose, y lo hace a través de un regalo tan simbólico que me emocionó. Y lo más importante: es ahí cuando aparece Fermín Romero de Torres. Qué personaje tan fascinante. Vagabundo, pícaro, ingenioso, herido por su propio pasado pero aún capaz de bromear y de enamorarse. Fermín me dio la sensación de ser ese amigo que uno no espera encontrar, pero que de pronto se vuelve indispensable. Su ternura con Bernarda, su manera de encajar en la vida de Daniel y de su padre, me arrancó sonrisas en medio de una novela que tantas veces me apretaba el corazón.

    Y entonces, la sombra. Ese hombre misterioso que parece un espectro surgido de la noche. Su primera aparición me heló: la idea de alguien siguiéndote en la oscuridad, acechando desde la distancia. Pero lo más perturbador es que, cuando finalmente se revela tangible, su propósito no es menos aterrador: quiere quemar cada libro de Carax. Esa obsesión me inquietó profundamente, porque era como ver a alguien empeñado en borrar la memoria, en arrancar la voz de alguien del mundo. Y ahí entendí otra cosa: que los libros son más que historias. Son huellas, son resistencia. Y querer destruirlos es querer destruir la vida misma.

    Hay un personaje que todavía hoy me quita el sueño: Fumero. Sé que existieron personas así, y precisamente por eso me resulta tan perturbador. No es un villano de fantasía, es la encarnación de una crueldad real, de esa violencia despiadada que anida en la historia y en la condición humana. Leerlo me provocó rechazo visceral. Es de los personajes más viles, más asquerosos y terriblemente humanos con los que me he cruzado en la literatura. Llegué a tener pesadillas con él, y quizá ahí radique la fuerza de Zafón: en recordarnos que el auténtico terror no necesita fantasmas.

    En el otro extremo de la balanza está la historia de amor entre Daniel y Bea. La primera vez que leí el libro me pareció algo forzada, como si surgiera de la nada. Y lo sigo pensando en cierto modo. Pero con el tiempo comprendí lo que Daniel llega a decir: este es un mundo lleno de personas solas. Y cuando dos soledades se encuentran, no es raro que decidan unirse, casi de manera instintiva, como si se reconocieran en ese vacío. Esa reflexión me hizo mirarlos con otros ojos. La primera vez que leí la novela, temía que su relación se convirtiera en un espejo de la tragedia de Julián Carax. La segunda vez, aun sabiendo el desenlace, ese miedo fue mayor, porque comprendía mejor las sombras que los rodeaban.

    También me produce rabia la forma en que se diluye la amistad con Tomás Aguilar. Daniel lo menciona varias veces como su mejor amigo de la infancia, pero en realidad apenas comparten momentos durante la novela. Es como si su vínculo se hubiera quedado congelado en el pasado, y duele reconocerlo. Al final, tanto con Tomás como con Bea, hay un mismo hilo común: Daniel se mueve en un mundo donde los lazos son frágiles, donde la soledad pesa, y donde cada relación está marcada por lo efímero y lo incierto.

    Cuando entramos de lleno en la vida de Julián Carax, la novela se tiñe por completo de tragedia. Su historia es un cúmulo de infortunios, de amores imposibles y de soledad, tanto que a veces parece que el destino se empeñara en ensañarse con él. Su vida me dejó con esa sensación amarga de injusticia, como si llevara marcada en la frente la mala suerte más cruel, la que no se le desearía a nadie.

    El triángulo —o más bien la cadena— de amores no correspondidos es casi un laberinto de dolor: Miquel enamorado de Nuria, Nuria enamorada de Julián, y Julián enamorado de Penélope… Penélope, que no solo no podía corresponderle, sino que resultaba ser su propia hermana, un descubrimiento brutal que destroza cualquier atisbo de felicidad posible. Y como si todo eso no fuera suficiente, su historia culmina en el horror: Penélope asesinada por su propio padre, embarazada, perdiendo así su vida y la del hijo que esperaba. Esa escena me dejó una cicatriz en el pecho; es la clase de tragedia que no se olvida.

    El giro de Laín Coubert revelándose como el propio Julián Carax me pareció un auténtico mazazo. La primera vez me sorprendió por completo; la segunda vez, aun sabiéndolo, volvió a estremecerme. Zafón logra ese efecto inquietante: incluso cuando crees que ya no puede pillarte desprevenido, lo consigue otra vez, como si las palabras tuvieran vida propia. Yo, en cambio, siempre sospeché de Jorge, el hermano de Penélope. Su sombra planeaba sobre la historia desde el principio, y quizá por eso la revelación de Carax como Laín Coubert me resultó aún más demoledora. Fue como entender, de golpe, que la verdadera oscuridad siempre había estado dentro del propio Julián.


    Cerrar esta reseña me resulta tan difícil como cerrar el propio libro. Siempre queda un eco, una pregunta, una sombra que me acompaña. Yo ya he contado lo que me removió esta historia… ahora te toca a ti. ¿Te atreves a entrar en el Cementerio de los Libros Olvidados?

  • Reseña: Humo y Espejos de Neil Gaiman (Parte 2)

    Reseña: Humo y Espejos de Neil Gaiman (Parte 2)

    Después de la primera parte de mi reseña de Humo y Espejos de Neil Gaiman, continúo con la segunda mitad del libro. Si algo caracteriza a este autor es su capacidad para incomodar, sorprender y atrapar con giros inesperados. Estos relatos van desde lo poético hasta lo grotesco, y aunque no todos me han gustado de la misma manera, lo cierto es que ninguno me ha dejado indiferente.

    Si todavía no lo has hecho, lee la primera parte haciendo clic en este enlace.


    Aquí volvemos a encontrarnos con Talbot, el mismo protagonista del relato anterior. En este punto ya sabemos que no es un licántropo clásico, sino un cambiaformas que decide cuándo transformarse. Y para rematar, descubrimos que es inmortal.

    Un personaje invencible, poderoso, pero que a mí me transmite más tristeza que admiración: una vida eterna que parece condenada al aburrimiento y a la soledad.

    Me quedo con ganas de que Gaiman nos contara más sobre él: ¿nació así?, ¿se convirtió en algún punto? ¿Qué precio paga por esa inmortalidad?

    Este relato me pareció un ejemplo claro de justicia poética.

    Desde el principio sospechaba cuál iba a ser el destino del protagonista, tan egoísta y obsesionado con conseguir más y más. Cuando surge la idea de que matar “puede hacerse gratis”, ya estaba cantado que él mismo sería la primera víctima.

    Un cuento macabro que demuestra que la codicia siempre pasa factura.

    O, como la conocía yo: Una vida decorada con Moorcock temprano.

    Aquí prefiero no entrar en detalle. Contiene escenas muy explícitas con menores que me parecieron de pésimo gusto. Intenté leerlo, pero tuve que abandonarlo antes de llegar a la mitad.

    Solo diré que no pienso incluir una opinión extensa porque creo que este relato ni siquiera debería haber sido publicado.

    Un poema breve, extraño y a la vez cautivador.

    Me sorprendió la combinación de lo moderno (ordenadores, tecnología) con algo tan antiguo y simbólico como las palomas. Esa mezcla rara es, precisamente, lo que le da encanto.

    Me dejó con la sensación de estar leyendo algo fuera del tiempo.

    Este texto, aunque corto, me fascinó. Oscuro, ominoso y lleno de potencial.

    La idea de alguien que se encarga de “barrer” los sueños me parece tan sugerente que podría dar para una novela entera.

    Me encantaría ver este concepto desarrollado en mayor profundidad, quizá incluso en un universo propio.

    Crudo, explícito y muy incómodo de leer, pero también brillante.

    Es una representación dura de las enfermedades venéreas, que empieza como una historia y termina siendo otra completamente distinta.

    Este es otro gran ejemplo de un buen plot twist. Neil Gaiman te atrapa en una historia, para luego resultar ser otra completamente distinta, y ahí está su magia.

    El giro final es impactante, y aunque no disfruto de los detalles gráficos, me gustó cómo trata el tema del tabú, la pérdida de identidad y la posibilidad de una humanidad controlada por bacterias.

    Una obra maestra, aunque difícil de digerir.

    Un poema romántico y melancólico, de esos que se leen en un suspiro pero dejan huella.

    Habla del amor imposible de un vampiro y de la tristeza de lo que no pudo ser.

    Me supo a poco, pero precisamente ahí reside su belleza.

    Un relato corto, pero complejo en lo que transmite.

    La historia personal del protagonista ya es desagradable (infidelidad, rechazo a su mujer tras un aborto), y a eso se suma el elemento fantástico: ratones que parecen ser personas, devorados por un misterioso gato gris.

    La metáfora me resultó inquietante y me dejó con más preguntas que respuestas.

    ¿Quién era el gato?

    Breve e intenso.

    Es un recordatorio brutal de lo impredecible del mar: por mucho que te creas el mejor marinero, basta un instante para perderlo todo.

    Directo y sin adornos. El mar es indomable, como la vida misma.

    Este relato se me hizo cuesta arriba.

    Está narrado desde la perspectiva de una niña, lo cual le da un aire inocente y confuso a la vez. Tiene referencias interesantes (como el “Daisy, Daisy” de otra historia de la colección), pero en general me faltó chispa.

    La aparición de la mujer desnuda me hizo pensar en una bruja, pero el conjunto me pareció demasiado disperso.

    Un relato tétrico que me puso los pelos de punta.

    El beso a lo que parece un cadáver es de esas imágenes que se te quedan grabadas. Incómodo, repulsivo, pero eficaz: consigue que lo recuerdes.

    Aquí tengo sentimientos encontrados.

    La idea de poder robar pensamientos ajenos me parece absolutamente brillante, a pesar de ser a través del sexo.

    Sin embargo, el medio por el que ocurre y lo explícito de algunas escenas me resultaron demasiado desagradables.

    Como ya había comentado en otros posts, soy muy visual e imaginativa a consecuencia de mi autismo, y esas imágenes se me han quedado grabadas, a fuego, en lo más profundo de mi memoria.

    Aun así, reconozco que es un relato poderoso y bien construido.

    ⚠️TRIGGER: SEX ⚠️

    ¿Quién no se limpia la viscosidad del semen de su abdomen antes de vestirse? Asqueroso. Simplemente repugnante.

    Otra historia apocalíptica, y ya van unas cuantas en este libro.

    Es macabra y claramente influenciada por Sweeney Todd. El concepto de utilizar bebés como alimento es tan salvaje que me cuesta procesarlo, pero como relato funciona: te atrapa, te incomoda y te hace pensar.

    Lo que no entendí del todo es por qué los bebés han desaparecido. Es decir… ¿no se pueden «crear» más? ¿Aunque se tarde 9 meses?

    Aquí Gaiman juega con el recurso de historias dentro de historias. A nivel creativo no me pareció de sus obras más brillantes: sujeto A mata a sujeto B, y sujeto C tiene que averiguar quién es el sujeto A, y porqué y cómo mató a sujeto B.

    Aún así, tiene su encanto como relato detectivesco.

    Lo que sí me gustó fue cómo plantea la jerarquía celestial y la posibilidad de que esta historia sea el germen de la caída de Lucifer, ya que, como siempre se ha dicho, Lucifer no fue siempre un demonio, si no que fue un ángel caído del cielo.

    Una reinterpretación oscura de Blancanieves. No sé si la protagonista es un vampiro o algo distinto, pero me fascinó la manera en que transforma un cuento clásico en algo retorcido y perturbador. Me dejó con la sensación de estar leyendo una pesadilla disfrazada de cuento de hadas.

    Sin embargo, hay una imagen que me va a perseguir y atormentar para siempre: la marca de los colmillos en el miembro viril de su padre. Ew.


    Conclusión

    La segunda parte de Humo y Espejos confirma lo que ya intuía con la primera: Neil Gaiman es un maestro en llevar al lector a terrenos incómodos, turbios y, a veces, brillantes. Algunos relatos me resultaron fascinantes, otros repulsivos, y alguno preferí ni terminarlo. Pero todos me provocaron algo, y eso ya es mucho decir.


    💭 ¿Has leído este libro? ¿Cuál de estos relatos te impactó más, para bien o para mal? Te leo en comentarios.

    Puedes leer otras reseñas haciendo clic en este enlace.


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  • Humo y Espejos – Neil Gaiman [Parte 1]

    Humo y Espejos – Neil Gaiman [Parte 1]

    Introducción

    Humo y espejos es una colección de relatos y poemas de Neil Gaiman que reúne lo extraño, lo inquietante y lo mágico en dosis cortas pero intensas. Yo conocía al autor sobre todo por Coraline y Sandman, así que me sorprendió descubrir que en sus inicios escribió también erótica, algo que marca su forma de abordar ciertos temas.

    Ya desde la introducción me atrapó con un detalle muy propio de Gaiman: una historia escondida dentro del prólogo. Y como son tantos relatos, he dividido esta reseña en dos partes, para no dejarme nada en el tintero.

    Valoración general (hasta aquí)

    La sensación al leer estos relatos es una mezcla de turbiedad, ironía y ternura oscura. Algunos me han dejado pensando durante horas, otros me han revuelto y alguno incluso me ha dado mal rollo (¡gracias, Jack-in-the-box!). Lo bonito de Gaiman es que nunca sabes si vas a terminar con una sonrisa torcida, un vacío en el estómago o la necesidad de volver atrás para releer.

    La idea de encontrar una historia escondida dentro de la introducción ya me había fascinado, y “El regalo de boda” fue una forma inquietante de empezar. Me recordó inevitablemente a El retrato de Dorian Gray, pero con un giro más retorcido y personal. Aquí la historia no es un lujo, sino una especie de maldición disfrazada de obsequio.

    Me dio pena la mujer, porque al final la “verdadera ella” se queda sin marido, atrapada en una narración que la persigue hasta en sueños. Es como si el regalo fuera, en realidad, su condena, y su identidad quedara reducida a una historia horrenda.

    Me gusta cómo Gaiman juega con la metáfora del matrimonio, de lo que se entrega y se recibe, pero la lleva a un terreno turbio, casi grotesco. Terminé el relato con la sensación de que no hay regalos inocentes: todos cargan con un precio.

    Este relato me resultó muy original en su planteamiento: personajes del pasado y del presente que conviven sin que haya un choque cultural demasiado fuerte. Me sorprendió cómo Gaiman consigue que eso fluya con naturalidad, aunque en mi cabeza fuese difícil de concebir.

    El final me dejó un poco desconcertada. Entendí la referencia al genio de la lámpara y por qué no se lo lleva, para evitar reclamos posteriores, pero lo del cordel me resultó enigmático. Es uno de esos finales que obligan a releer, a buscar conexiones ocultas.

    Aun con mi confusión, disfruté mucho el viaje. Gaiman juega con lo mítico y lo moderno, y aunque no lo entendí todo, la historia me pareció fascinante en su rareza.

    Aquí lo que sentí fue impacto y pena. El gato es una figura cargada de simbolismo, y sin embargo lo que me dejó fue un vacío, muchas preguntas sin respuesta. Y creo que ahí está parte de su fuerza: no todo está dicho, no todo se resuelve.

    Me quedé con la sensación de que la historia se escapa entre los dedos, como si estuviera hecha a propósito para incomodar. ¿Qué le pasó al gato? ¿Qué simboliza realmente? Supongo que eso es lo que Gaiman quería provocar: que el lector no se conforme, que se quede dándole vueltas.

    No es un relato cómodo, pero sí memorable.

    Este relato me golpeó fuerte. Las descripciones son tan vívidas que parecía tener las escenas delante de mí. Para alguien con autismo, que tiende a visualizar con claridad lo que lee, fue casi como proyectar una película en mi mente. Cada detalle del troll, del puente, de la atmósfera, cobraba forma tangible.

    Al inicio pensé que sería un cuento clásico de monstruos y héroes, pero acabó siendo mucho más oscuro y triste. El giro final, con el intercambio de cuerpos, me dejó helada. Fue inesperado, cruel, una injusticia que me revolvió por dentro.

    Lo más interesante es cómo Gaiman logra que la tragedia se disfrace de fábula. Cuando crees que estás en terreno conocido, de repente te quita el suelo bajo los pies. Es uno de esos relatos que se quedan contigo tiempo después de leerlos.

    Confieso que nunca me han gustado los juguetes tipo “Jack-in-the-box”. Nunca sabes cuándo va a saltar, y esa tensión siempre me ha dado mal rollo. Así que este relato fue casi una confirmación de mis temores: inquietante, desagradable, perturbador.

    El propio Jack, escondido en la caja, parece más un verdugo que un juguete. Su manera de traumatizar con historias, de sembrar miedo, lo convierte en algo mucho más siniestro que un simple objeto infantil.

    No pude evitar leerlo con incomodidad, y quizá ahí radica su efectividad. Un relato corto pero que remueve lo suficiente para no olvidarlo.

    Este relato me pareció una pequeña obra maestra. Desde el inicio intuía que Dundas iba a morir, pero eso no hizo que doliera menos cuando llegó. El vacío existencial que me dejó fue tremendo.

    Por otro lado, la sátira sobre Hollywood y su forma de destrozar historias me pareció brillante. El autor es contratado porque una obra suya gusta, y terminan pidiéndole tantos cambios que lo que queda ya no se parece en nada al original. Esa obsesión absurda por las iteraciones, por los cambios sin fin, me enfermó y me divirtió a partes iguales.

    El final, con todas las teorías sobre “los otros dos”, me fascinó. Esa mezcla de misterio, ironía y vacío existencial convierte al relato en uno de los más redondos de la colección.

    Aquí me sorprendió cómo Gaiman consigue que lo que parece un sueño acabe revelándose como algo real. Al principio pensé que era un relato sin sentido, incluso caótico, pero pronto me di cuenta de que estaba atrapada en una especie de trampa narrativa.

    El gran giro fue comprender que nos estaba haciendo empatizar con la verdadera asesina. Eso me dejó impactada, porque cambió por completo mi percepción del relato. Lo que parecía una historia sin rumbo acabó siendo un ejercicio de manipulación literaria brillante.

    Aunque confuso por momentos, lo considero uno de los relatos más efectivos en cuanto a impacto emocional y sorpresa.

    Este es un relato que me dejó confundida. Todo parecía ir en una dirección hasta que la abuela no volvió y los dos protagonistas fueron a por la regaliz. Me obligó a detenerme, a pensar en qué estaba leyendo realmente.

    Con el tiempo, empecé a interpretarlo como una alegoría de la muerte: cómo alguien puede desaparecer de un momento a otro, y cómo los vivos se ven obligados a seguir adelante con sus vidas, aunque duela.

    Más tarde descubrí que existen versiones diferentes de esta historia, lo cual explica parte de mi confusión. Aun así, la sigo viendo como una pieza delicada y triste sobre la pérdida.

    Este relato me pareció uno de los más innovadores del conjunto. Su estructura, que recuerda a un documento legal o un expediente médico, lo convierte en una lectura distinta, casi clínica, pero con un trasfondo aterrador.

    La idea de hacer de la cura del cáncer algo siniestro me fascinó. Es como si nos recordara que nada es gratis, que todo tiene un coste. Además, la reflexión sobre sexo, género e identidad personal me pareció muy actual, casi profética.

    Me quedé con la sensación de que, bajo la apariencia de sátira, había una advertencia muy seria: la de cómo todo cambia, incluso las enfermedades.

    Este relato me generó un rechazo visceral. La crueldad que muestra, especialmente hacia las mujeres, me produjo repugnancia. Mientras lo leía, sentía cada vez más asco hacia los hombres del relato, y solo pensaba en lo mucho que agradezco tener a mi marido como excepción.

    Sé que está bien construido y que tiene un propósito, pero no es un relato que quiera volver a leer ni comentar demasiado. Para mí fue demasiado duro.

    Un respiro con un tono mucho más irónico. Aquí Gaiman juega a parodiar a Lovecraft y lo hace con cariño, mezclando terror y sátira de una forma deliciosa. El joven turista americano que acaba en un pueblo inglés con sabor lovecraftiano es el perfecto protagonista para una historia de humor oscuro.

    Lo más divertido es cómo los pueblerinos critican a Lovecraft, como si hablaran de un vecino pesado, mientras los mitos de Cthulhu acechan de fondo. Yo no he leído demasiado de Lovecraft, pero entendí lo suficiente como para disfrutarlo mucho.

    Me quedé con ganas de leer La sombra sobre Innsmouth y luego volver a este relato. Creo que es un guiño precioso para los fans del género, pero funciona incluso si no conoces todos los referentes.

    Un poema breve, pero certero. Me sorprendió lo bien que capta la sensación de adicción, en este caso a un videojuego. Pero lo que transmite va mucho más allá: podría aplicarse a cualquier dependencia.

    La manera en que describe esa obsesión, ese no poder soltarlo aunque sepas que te consume, me pareció dolorosamente real. Breve, directo, y con la precisión de alguien que ha mirado de cerca cómo funcionan las adicciones.


    Top 3 (Parte I)

    1. Estanque de peces de colores – por su mezcla de sátira y vacío existencial.
    2. El troll bajo el puente – por lo vívido y cruel de su giro final.
    3. Cambios – por su innovación y reflexión actualísima.

    Esta primera mitad de Humo y espejos me ha dejado con sensaciones de todo tipo: inquietud, incomodidad, tristeza y fascinación. Gaiman juega con nosotros a través de historias turbias, poéticas y a menudo crueles, pero siempre logra que termines con algo en qué pensar.

    En la Parte II hablaré de los relatos restantes, donde hay todavía más rarezas, homenajes y oscuridad. Estoy segura de que la segunda mitad no se quedará atrás.


    👉 ¿Has leído Humo y espejos? Cuéntame en comentarios qué relato fue tu favorito.

  • Latidos fuera de Ritmo

    Latidos fuera de Ritmo

    ¡Hola, lectoras y lectores! 💌✨

    Soy Montse de Nyra y quiero daros la bienvenida a Latidos fuera de ritmo. Esta historia nació del deseo de contar un romance real, imperfecto, lleno de emociones intensas, decisiones difíciles… y muchas, muchas pulsaciones aceleradas. 💓😳

    Aquí vais a encontrar una protagonista que lucha por hacerse un hueco en el mundo de la medicina mientras lidia con amistades complicadas, mensajes anónimos, y un corazón dividido entre el amor de toda una vida… y lo que podría ser un nuevo comienzo. 💔💘

    Latidos fuera de ritmo es una historia de crecimiento, de heridas que aún sangran y de momentos que nos obligan a elegir entre lo que queremos y lo que merecemos. Y sí… también hay besos robados, miradas que queman, y escenas que os harán gritar a la pantalla. 😵‍💫🔥

    Espero que os dejéis llevar por el caos (y el amor) de Aurora tanto como yo al escribir cada capítulo. Me encantará leeros en los comentarios, ver vuestras teorías, fangirlear juntas y compartir cada latido. 💬🩷

    Gracias por darle una oportunidad a esta historia. No sabéis lo que significa vuestro apoyo.

    Y recordad: a veces, hasta los latidos fuera de ritmo encuentran su compás. 🎵✨

    ¡Nos leemos!

    Montse de Nyra 🌙📚

    Leer Ahora: Latidos fuera de ritmo [GRATIS]

  • El Nombre del Viento

    El Nombre del Viento

    — Patrick Rothfuss

    🌬️ Un libro que marcó mi vida

    El nombre del viento llegó a mis manos gracias a la recomendación de un conocido con el que, a día de hoy, ya no tengo contacto. Pero le estaré eternamente agradecida porque, sin saberlo, esa recomendación cambiaría mi vida: gracias a esta lectura conocí a mi marido. Es increíble cómo un libro puede convertirse en un punto de inflexión personal.

    🎻 Kvothe: el personaje que me habría gustado conocer

    Kvothe es uno de esos personajes que me habría encantado conocer en la vida real. No puedo explicar exactamente qué es lo que me transmite, solo sé que me gustaría estar por y para él. Su historia es trágica y está llena de momentos que te roban el aliento. Miles de escenas hicieron que aguantara la respiración y que se me erizara la piel. Esa intensidad es lo que, para mí, convierte a El nombre del viento en una historia tan poderosa.

    📜 Un mundo vibrante y lleno de personajes memorables

    Si hay algo que Patrick Rothfuss sabe hacer como nadie es construir mundos. El nombre del viento no es solo la historia de Kvothe: es un universo entero que cobra vida en cada página. Desde los rincones de la Universidad, con sus torres, bibliotecas infinitas y maestros tan enigmáticos como severos, hasta los caminos peligrosos que Kvothe debe recorrer, cada lugar está descrito con tal detalle que casi puedes sentir el aire, los sonidos y los olores.

    Pero este mundo no sería lo mismo sin la riqueza de sus personajes. Cada uno está tan bien definido que resulta imposible olvidarlos. Bast, el fiel amigo y aprendiz de Kvothe en la taberna, es uno de esos personajes que aportan calidez y misterio a partes iguales. Su lealtad, su chispa y esa sensación de que sabe más de lo que aparenta lo convierten en imprescindible.

    Auri, la pequeña y frágil habitante de los subterráneos de la Universidad, es otra joya del libro. Su manera de ver el mundo, tan pura y mágica, me llegó al corazón. Es uno de esos personajes que parecen hechos de luz y silencio, y cada momento con ella es un regalo.

    Denna, con su aura enigmática y su relación tan compleja con Kvothe, despierta sentimientos encontrados que enriquecen aún más la trama. Sim y Wil, los inseparables amigos de Kvothe en la Universidad, aportan momentos de camaradería y ternura que equilibran la dureza de la historia. Y por supuesto, los Chandrian, esas figuras casi míticas que lo cambian todo con su mera existencia, son el motor de buena parte del misterio.

    Todo esto crea una sensación de estar habitando un mundo vivo, que sigue girando incluso cuando cierras el libro. Un mundo que cuesta dejar atrás.

    ✨ El final y la espera interminable

    El final me dejó con más preguntas que respuestas, así que no dudé en comprar su segunda entrega, El temor de un hombre sabio, en cuanto salió. Y aquí estoy, quince años después, esperando la tercera entrega con la misma ilusión que el primer día. Porque cuando un libro te toca tan profundamente, la espera, por larga que sea, se siente como parte de la experiencia.

    “Las palabras son, en mi no tan humilde opinión, nuestra inagotable fuente de magia.”

  • El príncipe de la niebla

    El príncipe de la niebla

    — Carlos Ruíz Zafón

    Hay libros que se cuelan en tu vida sin avisar. Que aparecen cuando no sabes qué hacer, cuando estás en pausa, esperando que algo te saque del letargo. La primera vez que leí El príncipe de la niebla fue un verano, en casa de mi mejor amigo. Él estaba entretenido jugando al ordenador. Yo, aburrida, rebuscando en su estantería. No tenía ningún plan de lectura, pero vi una portada que me llamó. El título me intrigó. Leí la contraportada. Y ya no hubo vuelta atrás.

    Me lo devoré en una tarde. No sabía lo que me esperaba. No esperaba que fuera de miedo. No esperaba que me helara la sangre.


    🕰 Una historia que se retuerce entre la niebla

    Leer este libro fue como meterse en un túnel sin luz, donde cada paso te lleva a un lugar distinto al que creías. Había momentos en los que sentí miedo de verdad. Del que se mete en la espalda y se te queda agarrado. Zafón tiene esa forma suya de narrar que parece suave, elegante… hasta que te das cuenta de que estás atrapada. Que ya no puedes salir.

    Me sorprendió la atmósfera oscura, el aire de tensión constante, el terror psicológico, el caos emocional. Me daba escalofríos. Literalmente. Intentaba adivinar lo que iba a pasar y mi cabeza simplemente… no podía. No había lógica. Era pura intuición fallida. Y eso lo hacía todavía más inquietante.

    Al mismo tiempo, había ternura. Nostalgia. Esa sensación melancólica que a veces sólo pueden darte los libros escritos con el corazón. Había personajes que me conmovieron, aunque, como siempre, eso es territorio spoiler. Si quieres entender a qué me refiero, vas a tener que leerlo.


    🪶 La primera niebla no se olvida

    Este fue mi primer Zafón. Y a partir de ahí, todo cambió. Me leí casi todos sus libros. Uno detrás de otro. Me dejé llevar por su voz, por sus misterios, por esa manera suya de mezclar lo imposible con lo cotidiano. Su muerte, años más tarde, fue una herida silenciosa. Algo dentro de mí se rompió y todavía no se ha recompuesto del todo.

    Si no has leído nunca a Carlos Ruiz Zafón, este es un buen lugar para empezar. Tiene la dosis justa de miedo, misterio, emoción y belleza narrativa. Y ese aire de cuento oscuro que te acompaña mucho después de cerrar el libro.


    ✍️ Cuando lo importante no es saber qué pasa… sino sentirlo

    Zafón no escribe para que adivines. Escribe para que sientas. Y en este libro, su forma de crear tensión es magistral. Nunca sabes hacia dónde va. No hay fórmulas ni pistas evidentes. Te agarra de la mano y te lleva por un camino donde cada curva es una sorpresa. Hay giros que no ves venir, y eso es una de las cosas que más disfruté.

    Escribe con elegancia, sin prisas, pero con intención. Cada palabra está colocada como si fuera parte de una sinfonía. Y aun así, es ágil. Fluye. Y te atrapa.


    «Los malos recuerdos te persiguen sin necesidad de llevarlos contigo.»

  • Powerless

    Powerless

    — Lauren Roberts

    Hay libros que no planeas leer, que simplemente te eligen. Estás en tu librería de siempre, con una idea difusa en la cabeza —fantasía, romance, poderes, algo que te saque de aquí— y entonces la ves. La portada. Algo te llama. Lo coges. Lo hojeas. Lees la dedicatoria de la autora. Y ya está. Sabes que ese libro es para ti. Así llegó Powerless a mis manos. Así de simple. Así de poderoso.

    Lo leí hace un par de años, poco después de salir de la tormenta emocional que fue ACOTAR. Buscaba algo que me removiera, pero sin saberlo. Y encontré esta historia. Una distopía con tintes de crítica social muy evidentes, que esconde bajo el disfraz de los poderes mágicos una verdad incómoda: quien no encaja, quien nace «sin», no merece lugar en el mundo. En el universo de Powerless, no tener poderes es una sentencia de muerte. Y tenerlos, te sitúa automáticamente en una escala de privilegio. Según lo que puedas hacer, según el poder que te haya tocado… así será tu lugar. Así se construye aquí la jerarquía. Y sinceramente, me pareció una metáfora brutal de la vida real.


    🧬 Imperfección, clase y poder

    Los personajes principales se mueven dentro de esa estructura. Él, con poder y estatus. Ella, sin nada más que su ingenio y sus secretos. Y aunque no me vi reflejada en ninguno de los dos —porque ni he sido nunca la élite, ni me han perseguido por lo que no tengo— sí conecté profundamente con sus imperfecciones. Y eso lo cambia todo. Porque son personajes rotos, llenos de contradicciones, que a veces toman decisiones absurdas o dolorosas. Y esa humanidad, esa vulnerabilidad… duele. Pero también reconforta.

    La relación entre ambos se cuece a fuego lento. Es un enemy to lovers en toda regla, con sus momentos de tensión, sus miradas llenas de rabia (y de algo más), y esa sensación constante de que en cualquier momento alguien va a salir herido. ¿Me parece creíble? No. Nunca me ha parecido creíble ese trope. Pero me atrapó igual. Porque aunque no me convence cómo dos personas que se odian tan intensamente pueden acabar enamoradas, sí me fascina cómo se desarrolla el proceso. Aquí no hay giros forzados. Hay heridas. Desconfianza. Deseo reprimido. Dolor. Y una tensión romántica tan intensa que casi se puede cortar con un cuchillo.


    💢 Leer con el corazón en un puño

    Leer Powerless fue una montaña rusa emocional. Sentí rabia. De la de verdad. De querer lanzar el libro contra la pared mientras le gritaba a los personajes por ser tan estúpidos, tan ciegos. Sentí ternura, de esa que te hace querer abrazar a alguien que no existe y prometerle que todo irá bien. Sentí impotencia ante la crueldad de un sistema que margina y aplasta. Y sentí mariposas. Muchas. De esas que se instalan en el pecho y se niegan a irse.

    El estilo narrativo de Lauren Roberts es otro de los grandes aciertos del libro. Escribe con agilidad, con fuerza, con emoción. No se recrea, no se pierde en florituras, pero tampoco es frío. Sabe perfectamente cuándo apretar y cuándo dejarte respirar. Y justo cuando crees que puedes relajarte, te lanza un golpe directo al corazón. Así construye la tensión. Así te destruye.

    Y lo mejor —o lo peor, según cómo se mire— es que lo hace sin piedad. Página a página, va rompiéndote un poco más. Hasta que ya no sabes si sigues leyendo por placer o por pura necesidad de entender cómo va a terminar todo esto.


    📚 ¿Deberías leerlo?

    Solo te haré tres preguntas:

    1. ¿Te gustan las historias tipo Los Juegos del Hambre?
    2. ¿Te pierde el romantasy y el enemy to lovers aunque no sea perfecto?
    3. ¿Estás preparada para que te destrocen emocionalmente sin contemplaciones?

    Si has respondido que sí, entonces Powerless también es para ti.


    🌊

    «Nunca había pensado cuál era mi color favorito. No parecía importante… hasta que te miré a los ojos y comprendí que quizás ahogarse era algo hermoso.»

  • Orgullo y Prejuicio

    Orgullo y Prejuicio

    — Jane Austen

    💌 Una recomendación que se volvió hogar

    Este libro me lo recomendó una de mis profesoras de inglés preferidas del instituto. Una de esas personas que dejan huella. En esa época leía muchísimo: entre operaciones, momentos duros, y muchas horas sola, los libros eran refugio.

    Me lo compré en español, pero perdí la copia. Lloré como si hubiera perdido algo más que papel. Y entonces, esa misma profesora me regaló su copia original, en inglés, del año 1996. No sé cuántas veces lo he releído desde entonces, en distintos idiomas, pero cada vez que lo hago, solo pienso: qué historia tan bonita y tan real.


    🧠 Una historia sencilla, pero profunda

    A diferencia de otros libros que me marcaron como Alicia o Percy Jackson, aquí no hay criaturas fantásticas ni realidades alteradas. Hay amor. Pero no de ese que arde en dos páginas. Es lento. Dulce. Real. Parece imposible al principio, pero acaba llegando de forma natural, sin forzar. Y eso me encantó. Porque yo también soñaba con un amor así.


    👒 Querer ser Elizabeth

    Siempre pensé que me veía reflejada en Elizabeth Bennet. Con los años, me di cuenta de que en realidad quería ser como ella.

    La hija perfecta, la hermana perfecta, naturalmente dulce y reservada, con amor por los libros y los paseos. Pero yo era justo lo contrario: torpe, en el centro de atención por lo que no tocaba, nada delicada… aunque sí compartíamos el amor por los libros.

    La admiraba con todo mi corazón. Y sí, soñaba con tener una historia de amor como la suya.

    En esa época, también estaba empezando a descubrir mi sexualidad. Poco después entendí que era pansexual: me enamoro de almas, no de géneros. Por eso tantos crushes ficticios. Por eso tantas relecturas buscando matices que antes no había visto. Porque cada vez que leo este libro, descubro algo nuevo de él… y de mí.


    😤 No, no me enamoré de Mr. Darcy

    A diferencia de muchas lectoras, Mr. Darcy me cayó fatal. La primera vez que lo leí, tiré el libro al suelo de la frustración. No entendía qué veía Elizabeth en él. No creía que lo mereciera. Pero con las relecturas empecé a entenderlo, poco a poco, igual que ella.

    Lydia, una de las hermanas de Elizabeth, me sigue dando bastante asco. Pero bueno, en todas las historias grandes hay personajes que necesitas detestar. El que me sorprendió fue el padre de Elizabeth. Me encanta. Me recuerda muchísimo al mío.


    🖋️ Austen: directa, pero con rodeos

    Jane Austen escribe sin adornos innecesarios, pero con muchos rodeos. A veces no entiendes del todo lo que ha pasado hasta que ya ha pasado. Y creo que ahí está su magia.

    Sus libros son sorprendentemente actuales: los temas, los dilemas, las emociones. Da igual en qué época leas sus palabras: siguen resonando. Y eso también está guay.


    ❤️ Un libro que me salvó en más de un sentido

    Este libro no está aquí solo por su historia. Está aquí porque fue un refugio durante una época de bullying. Porque esa copia que atesoro me la dio una persona que creyó en mí cuando yo no podía. Porque mi corazón, que no es de piedra, siempre tendrá un rincón para los romances lentos, sinceros y valientes.

    Y porque Jane Austen me parece una mujer poderosa. Con influencia. Con algo que decir, incluso hoy.


    🏁 Y como dijo él…

    Me has hechizado en cuerpo y alma, te amo. – Mr. Darcy

  • Alicia en el País de las Maravillas

    Alicia en el País de las Maravillas

    — Lewis Carrol

    ✨Primer encuentro: una película, un flechazo

    Conocí a Alicia a través de la película de animación, esa que le regalaron a mi madre con alguna promoción. A ella le horrorizaba. A mí me atrapó desde el primer minuto. Había algo ahí —algo que no sabía explicar— que me hacía sentir en casa.

    Pasaron años hasta que los libros cayeron en mis manos. Un día cualquiera, con tiempo libre en la biblioteca del instituto, vi el título. Pensé: “¿Por qué no? Si la peli me gustó…”. Me lo llevé. Y lo devoré. Años más tarde me regalaron una edición con los poemas incluidos. Me lo releí entero. Y desde entonces, lo conservo como un pequeño tesoro.


    🧠 Alicia y yo: parecidas, aunque diferentes

    Lo que más me fascina de Alicia es su curiosidad insaciable, casi tan grande como la mía. También me veía reflejada en su valentía (aunque confieso que la he ido perdiendo con los años), y sobre todo, en su manera de fluir. Ella se adapta al caos. Yo, como persona autista, no tanto.

    Me impacta ver cómo Alicia atraviesa un mundo donde todo cambia sin avisar, donde nada tiene sentido. Yo me bloquearía. Ella no. Ella se deja llevar. Y la admiro profundamente por eso.

    Todo en el País de las Maravillas y en el mundo del Espejo me atrapa: las normas que se rompen, los diálogos absurdos, los juegos de lógica. Es un caos con sentido, un orden propio. Y en ese caos, encuentro algo que me resuena.


    🎩 Personajes que hablan como mis voces internas

    Mis favoritos: el Sombrerero y el Gato de Cheshire. Ambos parecen locos, pero dicen verdades envueltas en acertijos. Yo los escucho como si fueran mis propias vocecillas internas.

    También le tengo cariño a la Oruga, aunque su humo no me entusiasma. Y si pudiera meterme en la historia, sin duda me sentaría a tomar el té con el Sombrerero, o a tener conversaciones absurdas con el gato. Aunque lo de saber la hora sería otra historia…

    Alicia no es plana. Es un reflejo: Caótica. Divertida. Torpe. Brillante. Curiosa. Así es Alicia. Así soy yo. Tiene una evolución. No es la misma al principio que al final. Y eso me encanta. Porque pocas veces se representa tan bien el cambio interior de una niña que explora sin miedo (o con él, pero lo atraviesa igual).


    😠 Personajes que no soporto, y por eso los admiro

    La Reina de Corazones me parece una exageración de personas reales que no soporto. Gritona, autoritaria, absurda. Y Humpty Dumpty… le cogí manía de pequeña, y así se ha quedado. Pero justo por eso sé que el libro es brillante: provoca. Te hace sentir.


    📚 Sobre Carroll, la narración y lo que me enseñó

    Sé que hay rumores e historias sobre Lewis Carroll. No sé qué es verdad o no, pero he aprendido a separar arte y artista.

    Su estilo me flipa: cómo cambia de escena sin avisar, cómo juega con el lenguaje, cómo te arrastra sin darte tiempo a pensar. Me di cuenta de que esa forma de narrar me ha influido profundamente. Escribo como pienso: a saltos. Y eso, en parte, es culpa suya.


    ❤️ Un clásico que me atraviesa

    Cada vez que alguien habla mal de estos libros, mi primera reacción es: “¿Pero te los has leído de verdad? Nadie en su sano juicio diría tal cosa”. Luego sonrío. Porque recuerdo que yo tampoco estoy del todo cuerda. Y quizás por eso, los amo tanto.


    🏁 Y como dijo el gato…

    “Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí.»

  • Percy Jackson y los dioses del Olimpo

    Percy Jackson y los dioses del Olimpo

    — Rick Riordan

    ✨ Compañeros de vida (no solo libros)

    Hay libros que no se leen, se atraviesan. Que no te cambian de golpe, pero se te quedan pegados al alma y aparecen cuando más los necesitas. Esta sección no va de grandes obras maestras, va de compañeros de vida. De esos que te salvan un verano, una tarde, una etapa.

    Hoy empiezo con uno muy especial.

    No recuerdo cuándo fue la primera vez que este libro cayó en mis manos. Ni cómo. Seguramente lo escogí por la portada, como tantos otros. Lo que sí sé es que lo leí —y releí— más de diez veces. Lo devoré por primera vez durante un verano, con once o doce años, esperando una operación de rodilla (ya van cuatro). Lo leí en una tarde. Y estuve dándole guerra a mis padres durante días hasta que me compraron los siguientes libros. De golpe, claro. No podía esperar.


    🌀 Una voz que se parecía a la mía

    Había algo en la forma de escribir de Rick Riordan —tan natural, tan caótica, tan viva— que resonaba con los diálogos que tenía en mi cabeza. En ese entonces, no entendía muy bien lo de que los semidioses eran disléxicos y con TDAH. No sabía ni qué significaba tener TDAH. Pero ahora, al mirar atrás, lo entiendo. Yo estaba atada a Percy porque yo era como él. Me veía reflejada.

    No es de esos libros que dices: “me marcó de por vida” por una escena, o una frase. Fue todo: el estilo, el humor, la historia, la mitología griega —que se volvió mi obsesión—. Y sobre todo, fue el refugio. Cuando la realidad me decía que no podría ser una adolescente “normal”, yo me escapaba con Percy al Campamento Mestizo.

    Yo quería ser como Annabeth. La lista, la valiente, la que tenía respuestas. Pero no podía evitar que mi parte “Percy” se escapara. Impulsiva. Despistada. Torpe. Con buen fondo. Percy se convirtió en un salvavidas emocional. Me daba permiso para ser yo. Si él podía hacerlo, yo también.

    Desde la primera vez que hice el test oficial de Rick Riordan, hasta esta misma mañana que lo he repetido, siempre me ha salido el mismo resultado: hija de Poseidón. Y sí, lo siento como un lugar al que pertenezco.


    ⏳ Una saga que crece contigo

    La saga de Percy Jackson y los dioses del Olimpo me ha acompañado toda la vida. La he leído en la infancia, la adolescencia, la adultez. Cada vez la veo con otros ojos, y cada vez me recuerda que está bien no encajar del todo. Que está bien ser diferente.

    Hay muchas escenas que llevo grabadas a fuego. Pero esta sección es spoiler-free, así que si queréis saber a qué me refiero… ya sabéis qué tenéis que hacer 😉


    🫶 Uncle Rick y su manera de contar

    Sigo leyendo las aventuras de Percy. Sigo esperando que “Uncle Rick” dé noticias del próximo libro. Me parece un autor generoso, inclusivo, que escribe desde el respeto, el cariño, y la experiencia real. Al fin y al cabo, Percy nació inspirado en su hijo, que también es neurodivergente.

    No sé si este fue mi primer contacto con personajes como yo. Porque cuando lo leí por primera vez, yo no sabía lo que era el TDAH. Solo eran palabras. Etiquetas. Nada más.

    Si algún día pudiera conocer a Rick Riordan, probablemente me trabaría y no sabría ni qué decir. Pero le daría las gracias. Porque Percy fue mi mejor acompañante durante los años más difíciles de mi vida.


    🎯 ¿Para quién es esta saga?

    No sé si esta saga es para todo el mundo. No a todo el mundo le gusta la mitología, ni la fantasía, ni los personajes “raros”. Pero si estás dispuesto a dejar los prejuicios fuera, y te gusta la aventura, la magia, la acción… y un poco de dolor: te aseguro que Percy Jackson te espera con los brazos abiertos.

    A mí me dejó con una necesidad: seguir luchando. Solo para ver cómo le iba a él.

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